Oratoria y Debate 1º ESO: actividades, ejercicios y recursos
Hablar sabemos todos. Hacernos entender ya resulta un poco más difícil. Y conseguir que alguien nos escuche, comprenda nuestras ideas y pueda incluso sentirse convencido por ellas exige una serie de habilidades que se pueden aprender y entrenar.
De eso trata Oratoria y Debate.
La oratoria es el arte de hablar con elocuencia, pero aprender oratoria en 1.º de ESO no significa comenzar pronunciando grandes discursos ante un auditorio. Significa aprender poco a poco a ordenar lo que pensamos, expresarlo con claridad y dirigirnos a otras personas con seguridad. El debate añade otro aprendizaje esencial: escuchar opiniones diferentes, construir argumentos, responder a los argumentos de los demás y defender nuestras ideas sin convertir una discrepancia en un enfrentamiento.
En esta guía de Oratoria y Debate para 1.º de ESO encontrarás explicaciones sencillas, ejemplos, ejercicios, actividades para clase, propuestas de discursos, temas de debate, juegos de improvisación y recursos para mejorar la expresión oral.
Buena parte de estos materiales parten, además, de actividades llevadas realmente al aula. Porque a hablar en público se aprende hablando; y a debatir, debatiendo.
¿Qué es la oratoria?
La Real Academia Española define la oratoria como el «arte de hablar con elocuencia». Dicho de una manera más cercana, consiste en aprender a utilizar nuestras palabras y nuestra forma de comunicarnos para transmitir un mensaje de manera eficaz.
Una persona con una buena oratoria no es necesariamente quien utiliza palabras complicadas ni quien habla durante más tiempo. Muchas veces sucede justo lo contrario: un buen orador sabe elegir las palabras necesarias, organizarlas y conseguir que los demás quieran seguir escuchándolo.
Para ello deberá aprender a utilizar diferentes recursos:
organizar sus ideas;
adaptar el mensaje a quienes lo escuchan;
utilizar adecuadamente la voz;
controlar el ritmo y las pausas;
mirar a sus interlocutores;
acompañar las palabras con gestos adecuados;
aportar ejemplos y argumentos;
y transmitir seguridad incluso cuando siente nervios.
Todo esto puede entrenarse.
Algunas personas parecen desenvolverse con mucha facilidad delante de los demás, mientras que otras sienten vergüenza o miedo al comenzar a hablar. Eso no significa que unas hayan nacido para la oratoria y otras no. Hablar en público es una habilidad y, como casi todas las habilidades, mejora con la práctica.
¿Qué es un debate?
Un debate es un diálogo organizado en el que se presentan y contrastan diferentes posiciones sobre un asunto.
Debatir no es discutir.
Cuando discutimos podemos dejarnos llevar por las emociones, interrumpir, repetir nuestras ideas o intentar imponernos. En un buen debate necesitamos algo diferente: escuchar, pensar, aportar razones y responder a las razones de los demás.
Por ejemplo, podemos debatir sobre una cuestión cercana al alumnado:
¿Deberían prohibirse los teléfonos móviles durante toda la jornada escolar?
No basta con responder «sí» o «no».
Habrá que construir una tesis:
Los teléfonos móviles deberían estar prohibidos durante toda la jornada escolar.
Después necesitaremos argumentos:
Pueden dificultar la concentración durante las clases.
Y tendremos que desarrollarlos mediante explicaciones, ejemplos, datos o evidencias.
Pero aparecerá otra persona que defenderá la posición contraria y deberemos escuchar lo que dice para poder responderle.
Ahí comienza realmente el debate.
Oratoria y Debate en 1.º de ESO
Oratoria y Debate puede cursarse en Andalucía como materia optativa propia de la comunidad en 1.º de ESO. Su presencia encaja, además, con uno de los principios pedagógicos establecidos para la Educación Secundaria Obligatoria: desarrollar las destrezas orales del alumnado y potenciar aspectos como la oratoria y el debate.
Sin embargo, lo verdaderamente importante no es la denominación de la asignatura, sino todo aquello que podemos aprender en ella.
Durante el curso podemos trabajar capacidades como estas:

Son habilidades útiles para la asignatura, pero sobre todo son habilidades útiles para la vida.
Tendrás que emplearlas cuando expongas un trabajo delante de tu clase, pero también cuando participes en una entrevista, presentes un proyecto, defiendas una propuesta ante otras personas o simplemente quieras explicar correctamente aquello que piensas.
1. Aprender a hablar en público
Imagina que el profesor dice tu nombre y añade:
—Sal a la pizarra.
Quizá todavía no sabes lo que tienes que hacer, pero tu cuerpo ya ha reaccionado.
Notas cierto calor. Te preguntas dónde colocar las manos. De repente parece que todo el mundo te observa. Incluso puedes tener la sensación de haber olvidado algo que sabías perfectamente unos segundos antes.
Es normal que hablar delante de otras personas provoque nervios.
La solución no consiste en esperar a que desaparezcan por completo, sino en aprender a hablar aunque sintamos esos nervios.
La práctica hace que una situación que inicialmente parece extraordinaria vaya convirtiéndose en algo habitual.
Podemos comenzar con intervenciones de apenas treinta segundos, continuar hablando durante uno o dos minutos y terminar preparando discursos mucho más completos.
Cinco primeras reglas para hablar en público
Cuando comiences, recuerda cinco ideas:
1. Mira a quienes te escuchan.
No tienes que observar permanentemente a una persona concreta. Reparte la mirada por diferentes zonas del aula.
2. Habla suficientemente alto.
No estás hablándote a ti mismo. Tu voz debe llegar con comodidad hasta la última persona de la habitación.
3. No corras.
Los nervios suelen hacernos acelerar. Hablar algo más despacio de lo que nuestro cuerpo nos pide ayuda a transmitir seguridad.
4. Termina las frases.
Evita abandonar ideas a mitad de camino o encadenarlas mediante constantes «y…», «pues…», «bueno…».
5. Ten algo que decir.
Una buena presentación no puede depender solamente de la forma. La oratoria comienza mucho antes de levantarnos de la silla: comienza pensando qué queremos comunicar.
2. El miedo y los nervios al hablar delante de los demás
Sentir nervios no significa hablar mal.
Los nervios aparecen porque sabemos que otras personas nos están observando y evaluando. Pueden provocar que hablemos demasiado rápido, olvidemos una idea, movamos continuamente las manos o sintamos la necesidad de terminar cuanto antes.
Podemos aprender a controlarlos.
Antes de comenzar:
conoce bien aquello de lo que vas a hablar;
prepara una estructura sencilla;
ensaya varias veces;
respira lentamente;
adopta una postura estable;
y concéntrate en el mensaje que quieres transmitir, no únicamente en ti mismo.
Un pequeño error tampoco arruina una intervención.
Si te equivocas en una palabra, puedes corregirla. Si olvidas una idea, puedes continuar. Si necesitas pensar durante dos segundos, puedes detenerte.
El silencio también forma parte de la oratoria.
Una pequeña pausa que para ti parece larguísima probablemente resulte completamente natural para quienes te escuchan.
3. La voz: nuestra principal herramienta
Podemos haber preparado un magnífico contenido y, sin embargo, conseguir que nadie quiera escucharlo.
¿Cómo?
Leyéndolo con la misma entonación desde el principio hasta el final, hablando tan bajo que apenas se entienda o pronunciando doscientas palabras por minuto.
La voz transmite una parte esencial de nuestro mensaje.
Volumen
Debemos hablar con suficiente intensidad para que pueda escucharnos todo el público.
Gritar no es hablar mejor.
El volumen debe adaptarse al lugar y a la situación.
Ritmo
No todas las partes de un discurso necesitan la misma velocidad.
Podemos ralentizar una afirmación importante y avanzar algo más rápido cuando contamos una historia o presentamos una enumeración.
Variar el ritmo ayuda a mantener la atención.
Pausas
Una pausa permite respirar, separar ideas y destacar una afirmación.
Observa la diferencia entre decir inmediatamente:
Tengo una pregunta para vosotros. ¿Qué haríais si supierais que mañana desaparece internet?
y detenernos después de anunciar la pregunta.
Ese pequeño silencio crea expectación.
Entonación
La voz no debe permanecer plana.
Preguntas, sorpresas, afirmaciones importantes o cambios de tema pueden acompañarse de variaciones en nuestra entonación.
Vocalización
De poco sirve saber exactamente qué queremos decir si pronunciamos las palabras de manera que los demás apenas puedan entendernos.
Leer en voz alta, practicar trabalenguas y exagerar inicialmente la pronunciación son ejercicios sencillos para mejorar.
4. Comunicación no verbal
Mientras hablamos utilizamos palabras, pero nuestro cuerpo también está comunicando.
Lo hace constantemente.
La postura, las manos, la mirada, la expresión de la cara o nuestros desplazamientos pueden reforzar aquello que estamos diciendo o transmitir exactamente lo contrario.
Una persona puede afirmar:
Estoy completamente seguro de mi propuesta.
Pero si lo hace mirando al suelo, encogiendo el cuerpo y hablando con un hilo de voz, probablemente no transmita demasiada seguridad.
Debemos prestar atención especialmente a:
La mirada
Mirar al público genera conexión.
Leer continuamente el papel, observar el suelo o dirigirse solamente al profesor hace que perdamos parte de esa conexión.
Las manos
No tenemos que esconderlas.
Pueden acompañar nuestro discurso de manera natural, ayudarnos a enumerar, señalar contrastes o reforzar algunas ideas.
La postura
Conviene mantener una postura cómoda, abierta y estable.
Podemos movernos, pero debemos evitar hacerlo continuamente sin ningún propósito.
El rostro
Nuestro rostro también acompaña las palabras.
Resultaría extraño contar una experiencia divertida con una expresión completamente seria o presentar una situación preocupante mientras sonreímos permanentemente.
[INFOGRAFÍA: Comunicación verbal y no verbal: palabras, voz, mirada, gestos y postura]
5. Cómo preparar una exposición oral
Una buena exposición no comienza cuando nos colocamos delante del público.
Comienza mucho antes.
Paso 1. Saber qué queremos comunicar
Antes de buscar información debemos preguntarnos:
¿Qué quiero que sepan, comprendan o recuerden quienes me escuchen?
Intentar explicarlo todo suele terminar consiguiendo que no destaque nada.
Paso 2. Buscar y seleccionar información
Una exposición no consiste en copiar información encontrada en internet.
Debemos comprenderla, seleccionar lo importante y transformarla en nuestro propio mensaje.
Paso 3. Organizar las ideas
Podemos utilizar una estructura muy sencilla:
Introducción → desarrollo → conclusión
Paso 4. Preparar apoyos
Una presentación, una imagen, un objeto o una pequeña tarjeta con algunas palabras clave pueden ayudarnos.
Los apoyos deben facilitar nuestra intervención, no sustituirla.
Paso 5. Ensayar
Ensayar no significa aprender cada palabra de memoria.
Significa conocer el camino que seguirá nuestra exposición hasta que podamos recorrerlo con cierta seguridad.
6. Las partes de un discurso
Un discurso puede adoptar muchas formas, pero una estructura básica nos ayudará a comenzar.
Introducción
Es el momento de conseguir la atención del público y presentar aquello de lo que vamos a hablar.
Podemos comenzar mediante:
una pregunta;
una pequeña historia;
un dato sorprendente;
una afirmación provocadora;
una imagen;
un objeto;
una situación imaginaria;
o una experiencia personal.
Por ejemplo:
Imaginad que mañana despertáis y vuestro teléfono móvil ha dejado de funcionar para siempre.
Tenemos una situación sencilla que inmediatamente plantea preguntas al público.
Desarrollo
Es la parte principal.
Aquí explicamos las ideas, contamos la historia, desarrollamos nuestros argumentos o presentamos la información.
Conviene organizarla en dos, tres o cuatro ideas principales en lugar de acumular información.
Conclusión
Un buen discurso no debe terminar simplemente porque ya no tenemos nada más que decir.
Necesita un cierre.
Podemos recuperar la historia inicial, resumir nuestra idea principal, lanzar una pregunta, realizar una propuesta o terminar mediante una frase que condense aquello que queremos que recuerde el público.
[INFOGRAFÍA: Las partes de un discurso: introducción, desarrollo y conclusión]
7. A improvisar también se aprende
No siempre tendremos varios días para preparar lo que queremos decir.
Alguien puede hacernos una pregunta inesperada. Un compañero puede presentar un argumento que no habíamos previsto. Durante una exposición puede surgir una cuestión nueva.
Necesitamos aprender a improvisar.
Improvisar no significa hablar sin pensar.
Precisamente consiste en aprender a pensar rápidamente antes de comenzar a hablar.
Una estructura muy sencilla puede ayudarnos:
Respuesta → razón → ejemplo
Por ejemplo:
¿Preferirías viajar al pasado o al futuro?
Una respuesta demasiado breve sería:
Al futuro.
Podemos mejorarla:
Preferiría viajar al futuro porque me produce mucha curiosidad conocer cómo habrá cambiado nuestra forma de vivir. Por ejemplo, me gustaría descubrir cómo serán las ciudades o qué medios de transporte utilizaremos dentro de doscientos años.
No necesitamos saber de antemano qué pregunta aparecerá. Tenemos una pequeña estructura mental que nos permite construir la respuesta.
8. Una primera sesión de Oratoria: La silla caliente
Una de las primeras dificultades de una asignatura de Oratoria y Debate es evidente: para aprender a hablar hay que comenzar hablando.
Por eso, esta es una actividad que utilizo como sesión inicial con alumnado de 1.º de ESO.
Sesión 1: La silla caliente
Una historia para comenzar
En un pequeño instituto del interior de Andalucía, un grupo de alumnos se reúne para comenzar una asignatura distinta a las demás: Oratoria y Debate.
El aula parece normal, pero en el centro hay una silla que lo cambia todo.
Es la silla caliente.
Allí, uno a uno, los estudiantes se sentarán frente al profesor y frente a sus compañeros. Al principio puede dar un poco de respeto. Todas las miradas se dirigen hacia ti y ha llegado tu momento de hablar.
Pero también es una oportunidad.
Responder a preguntas sencillas y enfrentarnos después a una pregunta que no conocemos nos obliga a pensar, ordenar rápidamente nuestras ideas y expresarlas delante de los demás.
Y empezaremos hablando del tema sobre el que probablemente más sabemos:
nosotros mismos.
¿Qué vamos a aprender?
Antes de realizar el ejercicio debemos recordar algunas ideas básicas.
La oratoria es el arte de hablar en público con claridad y confianza.
El debate es un diálogo estructurado en el que diferentes personas defienden y contrastan opiniones mediante argumentos.
En esta primera actividad todavía no vamos a desarrollar un debate completo. Nuestro objetivo será mucho más sencillo: atrevernos a hablar y comenzar a justificar aquello que decimos.
Para ello:
escucharemos completamente la pregunta antes de responder;
contestaremos mediante frases claras y comprensibles;
justificaremos nuestras respuestas con alguna razón o ejemplo;
intentaremos hablar con suficiente volumen;
y dirigiremos nuestra mirada hacia las personas que nos escuchan.
Hablar de nosotros mismos es un buen primer paso. Estamos ante un terreno conocido, pero incluso aquello que conocemos necesita ser ordenado antes de poder expresarlo correctamente.
Ejercicio: La silla caliente
Cada alumno pasará por turnos a sentarse en una silla situada frente al profesor y sus compañeros.
Recibirá cinco preguntas que serán iguales para todos:
¿Cómo te llamas y dónde vives?
¿Por qué estás en la asignatura de Oratoria y Debate?
¿Qué esperas de este curso?
¿Cuál es tu mayor afición?
¿Qué es lo mejor y lo peor de ti?
Después llegará una sexta cuestión.
Esta vez será diferente.
El profesor realizará una pregunta sorpresa que el alumno no conoce previamente. Su finalidad será comenzar a trabajar la improvisación.
Reglas de la silla caliente
Mientras estés sentado:
Escucha. No comiences a construir tu respuesta antes de conocer completamente la pregunta.
Piensa. Puedes dedicar unos segundos a decidir qué quieres decir.
Responde. Intenta construir frases completas.
Justifica. Añade al menos una razón, explicación o ejemplo.
Mira. No respondas únicamente al profesor. También estás hablando para tus compañeros.
Hazte escuchar. Habla suficientemente alto y evita taparte la boca.
Y recuerda algo importante:
no existe una respuesta perfecta.
El objetivo no es acertar. El objetivo es atreverte a expresarte, justificar tus ideas y comenzar a sentirte cómodo cuando otros te escuchan.
Preguntas sorpresa para La silla caliente
Estas son algunas de las que podemos utilizar:
¿Qué preferirías: poder hablar con los animales o dominar cuatro idiomas humanos?
¿Qué es peor: quedarse congelado o abrasado?
Si fueras invisible durante un día, ¿qué harías?
¿Qué superpoder te gustaría tener y por qué?
¿Qué preferirías: no volver a dormir nunca o dormir veinte horas al día?
Si pudieras cambiarte por otra persona durante 24 horas, ¿a quién elegirías?
¿Qué harías si fueras director de tu instituto por un día?
¿Qué es más importante: tener muchos amigos o tener pocos pero muy buenos?
¿Qué preferirías: vivir sin móvil o vivir sin televisión e internet?
¿Qué harías si descubrieras un tesoro en tu casa?
¿Preferirías viajar al pasado o al futuro?
Si pudieras eliminar una asignatura del instituto, ¿cuál sería?
¿Qué animal te representa mejor y por qué?
¿Qué preferirías: ser el más listo de la clase o el más divertido?
¿Qué harías si te quedaras solo en una gran ciudad durante un día entero?
La pregunta es solamente el punto de partida. Lo importante llegará inmediatamente después.
Si alguien responde:
Preferiría viajar al futuro.
podemos preguntar:
¿Por qué?
Después:
¿A qué momento del futuro viajarías?
Y todavía podemos continuar:
¿Qué sería lo primero que intentarías descubrir?
El alumno comienza respondiendo una pregunta sencilla y, casi sin darse cuenta, está improvisando un pequeño discurso.
Variante de la actividad
Cuando el grupo tenga algo más de confianza, también pueden ser los compañeros quienes propongan algunas de las preguntas sorpresa.
La condición es que sean respetuosas y permitan elaborar una respuesta argumentada.
La silla caliente puede incluso volver a utilizarse más adelante durante el curso. Comparar las primeras intervenciones con las realizadas después de varios meses permitirá comprobar algo que a veces cuesta percibir mientras estamos aprendiendo:
hemos mejorado.
9. Argumentar: no basta con tener una opinión
Todos tenemos opiniones.
Los deberes son necesarios.
Los deberes deberían desaparecer.
Es mejor vivir en un pueblo.
Es mejor vivir en una ciudad.
Los videojuegos son beneficiosos.
Los videojuegos hacen perder demasiado tiempo.
Tener una opinión es sencillo.
Argumentarla supone explicar por qué pensamos de esa manera.
Tesis
Es la idea que queremos defender.
Los recreos deberían durar más.
Argumento
Es la razón que utilizamos para defenderla.
Un recreo algo más largo permitiría que el alumnado regresara a clase más descansado y pudiera mantener mejor la concentración.
Evidencia o ejemplo
Nos ayuda a desarrollar el argumento.
Después de varias horas de clase consecutivas resulta difícil mantener el mismo nivel de atención y una pausa adecuada facilita recuperar la concentración.
Podemos representarlo de manera sencilla:
TESIS → ARGUMENTO → EXPLICACIÓN / EVIDENCIA → EJEMPLO
[INFOGRAFÍA: Cómo construir un argumento]
10. Tipos de argumentos
No todos los argumentos funcionan de la misma forma.
Argumento mediante ejemplos
Utilizamos un caso concreto para apoyar nuestra idea.
Hacer deporte puede ayudarnos a conocer gente nueva. Por ejemplo, cuando una persona comienza a practicar baloncesto entra en contacto con todo un equipo.
Argumento de datos
Empleamos información comprobable.
Será especialmente importante comprobar que el dato procede de una fuente fiable.
Argumento de autoridad
Apoyamos nuestra posición en una persona, institución o investigación especializada en ese ámbito.
No cualquier famoso se convierte en una autoridad sobre cualquier tema.
Argumento de causa y consecuencia
Explicamos que determinado hecho produce unas consecuencias.
Dormir demasiado poco dificulta la atención al día siguiente.
Argumento mediante comparación
Relacionamos dos situaciones para mostrar sus semejanzas o diferencias.
Conocer diferentes tipos de argumentos nos ayuda a construir intervenciones más variadas y también a detectar cuándo una afirmación parece convincente pero realmente está poco fundamentada.
11. Argumentar no es repetir
Imagina este diálogo:
—Los móviles deberían poder utilizarse durante el recreo.
—¿Por qué?
—Porque creo que deberían poder utilizarse.
—¿Pero por qué?
—Porque no veo bien que estén prohibidos.
La misma opinión ha aparecido tres veces, pero todavía no tenemos un argumento.
Para argumentar debemos avanzar desde lo que pensamos hacia las razones por las que lo pensamos.
Una pregunta muy útil será siempre:
¿Por qué?
Y otra todavía mejor:
¿Puedes demostrarlo, explicarlo o poner un ejemplo?
12. Qué es una refutación
En un debate no solamente presentamos nuestros argumentos.
También debemos escuchar los del otro equipo.
Refutar consiste en responder razonadamente a un argumento de la posición contraria para mostrar sus limitaciones, errores o puntos débiles.
Supongamos que alguien afirma:
Deberían eliminarse todos los exámenes porque producen nervios al alumnado.
Una posible refutación sería:
Es cierto que algunos exámenes pueden generar nervios, pero eso no demuestra que deban eliminarse todos. También permiten comprobar individualmente determinados aprendizajes. Quizá el problema no sea la existencia de cualquier examen, sino depender exclusivamente de ellos para evaluar.
La refutación no consiste en decir:
Eso es mentira.
Ni:
No tienes razón.
Necesitamos explicar por qué consideramos insuficiente el argumento contrario.
13. Escuchar: la habilidad olvidada
Puede parecer extraño hablar de escuchar en una asignatura llamada Oratoria y Debate.
Sin embargo, un buen comunicador necesita saber escuchar.
Durante un debate es imposible responder adecuadamente al equipo contrario si estamos pensando únicamente en lo siguiente que queremos decir.
Escuchar supone:
prestar atención;
identificar la idea principal;
distinguir una opinión de un argumento;
anotar información relevante;
reconocer puntos fuertes;
detectar contradicciones;
y preparar nuestra respuesta a partir de lo que realmente se ha dicho.
Un buen ejercicio consiste en obligarnos a comenzar una refutación resumiendo correctamente el argumento contrario:
El equipo contrario sostiene que…
Solo después podemos responder.
14. Cómo preparar un debate
Un debate necesita preparación.
1. Comprender la pregunta
Antes de buscar argumentos debemos saber exactamente qué estamos discutiendo.
No es lo mismo:
¿Son perjudiciales las redes sociales?
que:
¿Deberían prohibirse las redes sociales a los menores de 16 años?
La segunda cuestión plantea una medida concreta y exige argumentos diferentes.
2. Investigar
Necesitamos información.
Buscaremos fuentes fiables, datos, ejemplos, noticias, estudios o antecedentes que puedan ayudarnos.
3. Construir nuestra tesis
¿Qué defendemos exactamente?
Debemos poder explicarlo mediante una frase clara.
4. Preparar argumentos
Es preferible disponer de tres argumentos bien desarrollados que de diez simples afirmaciones.
5. Imaginar los argumentos contrarios
Un equipo de debate no prepara solamente aquello que quiere decir.
También se pregunta:
¿Qué podría responder el otro equipo?
6. Preparar refutaciones
Podemos anticipar posibles argumentos contrarios y estudiar cómo responderlos.
7. Repartir funciones
El debate es también un trabajo de equipo.
Cada participante debe conocer su responsabilidad y comprender la estrategia general.
[INFOGRAFÍA: Cómo preparar un debate paso a paso]
15. Debatir no es vencer al otro
Es fácil entender un debate como una batalla.
Hay un equipo a favor, otro en contra y finalmente puede existir un ganador.
Pero limitar el debate a vencer al adversario sería perder buena parte de su valor.
Debatir nos obliga a realizar un ejercicio especialmente interesante: intentar comprender una posición que quizá no sea la nuestra.
En ocasiones tendremos que defender por sorteo una postura con la que personalmente no estamos de acuerdo.
Eso nos obliga a buscar razones diferentes, comprender otros puntos de vista y descubrir que algunos asuntos son bastante más complejos de lo que parecían inicialmente.
Podemos terminar un debate manteniendo nuestra posición.
También podemos modificarla.
Las dos cosas son legítimas.
Cambiar de opinión después de escuchar mejores argumentos no supone perder un debate. Supone haber aprendido algo.
16. Temas de debate para 1.º de ESO
Los primeros debates funcionan mejor cuando parten de asuntos cercanos que el alumnado pueda comprender pero que permitan encontrar diferentes posiciones.
Algunos ejemplos:
- Móviles ¿Debería permitirse utilizar el móvil durante el recreo?
- Deberes ¿Deberían existir deberes durante los fines de semana?
- Horario ¿Deberían comenzar más tarde las clases?
- Uniforme ¿Sería positivo utilizar uniforme escolar?
- Redes sociales ¿Debería existir una edad mínima más alta para utilizarlas?
- Videojuegos ¿Aportan más beneficios que inconvenientes?
- Inteligencia artificial ¿Debería permitirse utilizar IA para realizar tareas escolares?
- Animales ¿Deberían existir zoológicos?
- Medioambiente ¿Deberían limitarse más los coches en el centro de las ciudades?
- Recreos ¿Deberían durar más tiempo?
- Lectura ¿Debería poder elegir cada alumno todos los libros que lee en clase?
- Evaluación ¿Podría aprenderse sin realizar exámenes?
Después podremos avanzar hacia asuntos más complejos.
17. Actividades para aprender Oratoria y Debate
Esta asignatura necesita práctica.
Podemos estudiar qué es una pausa, pero comprenderemos realmente su efecto cuando pronunciemos la misma frase de varias maneras.
Podemos explicar qué es un argumento, pero aprenderemos a argumentar cuando alguien cuestione nuestra opinión y tengamos que justificarla.
Por eso, buena parte de esta sección estará formada por actividades y sesiones de Oratoria y Debate listas para llevar al aula.
Algunas de las que iremos trabajando son:
La silla caliente
Preguntas personales y preguntas sorpresa para comenzar a hablar delante del grupo.
Un minuto sin parar
El alumno recibe un tema y debe intentar hablar durante sesenta segundos sin abandonar el discurso.
El objeto imposible
Hay que presentar un objeto cotidiano atribuyéndole una utilidad completamente diferente y convencer al público de que debería comprarlo.
Defiende lo indefendible
Debemos construir argumentos para sostener una posición absurda o extremadamente difícil.
La historia improvisada
Cada participante debe continuar durante unos segundos una historia iniciada por otro compañero.
El discurso con tres palabras
El alumno recibe tres palabras aparentemente inconexas que deberá integrar en una intervención coherente.
¿A favor o en contra?
Se plantea una cuestión, se asignan posiciones y cada equipo dispone de unos minutos para encontrar argumentos.
El abogado del contrario
Después de defender una posición tendremos que buscar argumentos para apoyar exactamente la contraria.
Debate relámpago
Dos participantes reciben una pregunta sencilla y disponen de muy poco tiempo para preparar una intervención.
Convénceme
El alumno debe conseguir que el público acepte una propuesta mediante argumentos.
Cada actividad puede entrenar capacidades diferentes: improvisación, organización de ideas, voz, lenguaje corporal, argumentación, escucha o refutación.
18. Juegos de improvisación oral
La improvisación resulta especialmente útil en 1.º de ESO porque transforma la exposición oral en algo más próximo al juego.
Algunas propuestas sencillas:
Palabra prohibida.
Tenemos que hablar sobre un tema sin utilizar una determinada palabra que sería muy habitual.
Continúa la historia.
Cada persona dispone de treinta segundos para continuar el relato donde lo dejó el compañero anterior.
¿Qué prefieres?
Debemos elegir entre dos posibilidades y justificar nuestra elección.
Véndemelo.
Tenemos treinta segundos para convencer a los demás de que compren un objeto.
Tres razones.
El profesor formula una afirmación y debemos encontrar rápidamente tres razones para defenderla.
Cambio de postura.
Después de un minuto defendiendo una idea, una señal obliga a comenzar a defender exactamente lo contrario.
El objetivo de estos ejercicios no es convertir cada intervención en una competición. Buscamos crear un entorno en el que hablar delante de los demás deje de resultar excepcional.
19. Cómo mejorar una exposición oral
Cuando terminemos de hablar podemos preguntarnos cómo ha ido.
No necesitamos valorar veinte aspectos a la vez.
Podemos comenzar observando cinco grandes dimensiones.

También debemos aprender a recibir comentarios.
Una crítica útil no dice simplemente:
Lo has hecho mal.
Debe indicarnos qué podemos mejorar:
Has explicado claramente las ideas, pero has hablado demasiado rápido y algunas partes eran difíciles de seguir.
Así podemos actuar en la siguiente intervención.
20. Rúbrica básica para una exposición oral
Una rúbrica puede ayudarnos a conocer de antemano qué aspectos vamos a observar.

[PRÓXIMAMENTE DESCARGABLE: Rúbrica de exposición oral para Secundaria]
21. Rúbrica básica para un debate
En un debate necesitamos valorar además otras capacidades.
- Tesis - La posición defendida está claramente definida
- Argumentación - Presenta razones desarrolladas
- Evidencias - Utiliza ejemplos, datos o fuentes cuando resulta necesario
- Refutación - Responde realmente a argumentos contrarios
- Escucha - Tiene en cuenta las intervenciones del otro equipo
- Organización - Las intervenciones siguen una estrategia
- Expresión oral - Habla con claridad, ritmo y volumen adecuados
- Lenguaje no verbal - Mantiene mirada, postura y gestos apropiados
- Trabajo en equipo - Existe coordinación entre los participantes
- Respeto - Mantiene las normas y trata correctamente al otro equipo
[PRÓXIMAMENTE DESCARGABLE: Rúbrica para evaluar un debate en Secundaria]
22. Errores frecuentes al hablar en público
Aprender oratoria significa también detectar algunos hábitos que pueden dificultar nuestra comunicación.
Leer todo el discurso
Podemos utilizar unas notas, pero si permanecemos mirando continuamente un papel desaparece buena parte de la comunicación con el público.
Hablar demasiado rápido
Es uno de los efectos más habituales de los nervios.
Utilizar constantemente muletillas
«Bueno», «pues», «en plan», «¿vale?», «o sea»…
Todos utilizamos alguna. El problema aparece cuando se repiten constantemente y distraen del mensaje.
Permanecer completamente inmóvil
No necesitamos representar una obra de teatro, pero un cuerpo excesivamente rígido tampoco ayuda a comunicarnos.
Movernos continuamente
El extremo contrario produce el mismo problema.
Memorizar palabra por palabra
Si olvidamos una sola frase podemos perder el hilo completo.
Es preferible memorizar la estructura y comprender las ideas.
Intentar aparentar algo que no somos
La naturalidad es una de las mejores herramientas de un orador.
No necesitamos copiar la voz, los gestos ni las palabras de otra persona.
23. Errores frecuentes al debatir
También tendremos que evitar algunos comportamientos.
Atacar a la persona en lugar de su argumento.
Tú no tienes ni idea.
No hemos refutado nada.
Interrumpir constantemente.
Escuchar forma parte del debate.
Inventar datos.
Una cifra falsa no se convierte en cierta por pronunciarla con mucha seguridad.
Repetir nuestra tesis como si fuera un argumento.
Es así porque es así.
Ignorar los buenos argumentos contrarios.
Podemos reconocer parcialmente una idea y después introducir nuestra objeción.
Confundir intensidad con razón.
Hablar más alto que otra persona no hace que nuestro argumento sea mejor.
24. Oratoria, debate y pensamiento crítico
Aprender a argumentar no sirve solamente para convencer a los demás.
También nos ayuda a examinar nuestras propias ideas.
¿Por qué pienso esto?
¿De dónde procede esta información?
¿Podría estar equivocado?
¿Existe otra explicación?
¿La persona que afirma algo aporta pruebas?
¿Ese ejemplo demuestra realmente la conclusión?
¿Estoy compartiendo una información porque es cierta o solamente porque coincide con aquello que ya pensaba?
Estas preguntas son especialmente importantes en un mundo en el que recibimos continuamente mensajes, vídeos, titulares, publicaciones y opiniones.
Aprender oratoria significa aprender a construir mensajes.
Aprender debate significa también aprender a analizarlos.
25. Cómo utilizar estos recursos de Oratoria y Debate
Esta página funciona como guía general de la asignatura.
A partir de ella iremos incorporando recursos específicos que permitirán profundizar en cada apartado:
actividades de oratoria;
sesiones completas para 1.º de ESO;
ejercicios de improvisación;
ejemplos de discursos;
comunicación verbal y no verbal;
tipos de argumentos;
falacias;
temas de debate;
modelos de debates;
rúbricas;
fichas imprimibles;
y materiales descargables.
Si eres estudiante, puedes utilizar las explicaciones y ejercicios para preparar tus intervenciones.
Si eres docente, encontrarás propuestas que puedes adaptar directamente a tus clases.
No es necesario trabajar los materiales exactamente en el orden en el que aparecen. Una asignatura de Oratoria y Debate funciona especialmente bien cuando la teoría aparece vinculada a una situación en la que inmediatamente necesitamos utilizarla.
Primero hablamos.
Después descubrimos qué podemos mejorar.
Volvemos a intentarlo.
Y así seguimos avanzando.
Preguntas frecuentes sobre Oratoria y Debate
¿Qué se hace en Oratoria y Debate en 1.º de ESO?
Se trabajan fundamentalmente la expresión oral, la escucha, la comunicación verbal y no verbal, la improvisación, los discursos, la argumentación y el debate mediante explicaciones y, especialmente, actividades prácticas.
¿Qué es la oratoria?
La oratoria es el arte de hablar con elocuencia. En el ámbito educativo supone aprender a organizar un mensaje y transmitirlo oralmente con claridad, seguridad y capacidad para mantener la atención de quienes nos escuchan.
¿Qué es un debate?
Es un intercambio organizado de ideas en el que se contrastan distintas posiciones sobre una cuestión mediante argumentos y refutaciones.
¿Cuál es la diferencia entre debatir y discutir?
En un debate existen unas reglas, se escuchan las posiciones contrarias y se intenta justificar cada afirmación mediante argumentos. Discutir puede convertirse simplemente en un enfrentamiento de opiniones.
¿Cómo puedo perder el miedo a hablar en público?
La preparación y la práctica son las herramientas fundamentales. Conviene comenzar mediante intervenciones breves, aumentar progresivamente la dificultad, conocer bien aquello que queremos decir y aprender a aceptar los nervios sin intentar evitarlos completamente.
¿Cómo puedo comenzar una exposición oral?
Una pregunta, una historia, un dato llamativo, una situación imaginaria o un objeto pueden funcionar como punto de partida. Lo importante es generar interés y relacionar ese comienzo con el tema que vamos a desarrollar.
¿Cuáles son las partes de un discurso?
Como estructura básica podemos distinguir introducción, desarrollo y conclusión.
¿Qué es un argumento?
Es una razón utilizada para justificar una determinada idea o tesis. Un argumento puede desarrollarse mediante explicaciones, ejemplos, datos, comparaciones u otras evidencias.
¿Qué es refutar?
Refutar consiste en responder razonadamente a un argumento contrario, mostrando alguna debilidad, limitación, contradicción o evidencia que permita cuestionarlo.
¿Cómo se prepara un debate?
Primero debemos comprender la cuestión, investigar, decidir nuestra tesis, construir argumentos y buscar evidencias. Después conviene anticipar los posibles argumentos del otro equipo, preparar respuestas y organizar las funciones de cada participante.
¿Qué temas son apropiados para debatir en 1.º de ESO?
Funcionan especialmente bien los asuntos cercanos al alumnado: uso del móvil, redes sociales, deberes, horarios escolares, videojuegos, inteligencia artificial, uniforme, exámenes, medioambiente o duración de los recreos.
¿Se puede aprender a hablar bien en público?
Sí. Algunas personas pueden sentirse inicialmente más cómodas que otras, pero la expresión oral puede entrenarse. La práctica frecuente, el análisis de las intervenciones y el conocimiento de técnicas básicas permiten mejorar considerablemente.
Hablar para aprender a hablar
Podríamos dedicar muchas horas a estudiar la teoría de la oratoria sin levantarnos de nuestra silla.
Sabríamos definir el volumen, la entonación, los argumentos, las refutaciones y el lenguaje corporal.
Pero faltaría lo fundamental.
Levantarnos y hablar.
Equivocarnos. Quedarnos durante unos segundos sin saber qué decir. Descubrir que movemos demasiado las manos. Conseguir que un día toda la clase permanezca en silencio porque una historia ha atrapado su atención. Escuchar un argumento que no habíamos imaginado. Cambiar una frase. Respirar antes de comenzar. Volver a intentarlo.
Hasta comprobar que aquella silla que un día parecía tan caliente ya no lo es tanto.
Porque la finalidad de Oratoria y Debate no es conseguir que todos se conviertan en grandes conferenciantes.
Es algo mucho más cercano y, seguramente, más importante:
que cuando tengan algo que decir, sepan cómo decirlo.
Recursos de Oratoria y Debate
En esta sección iremos incorporando nuevos contenidos y materiales:
Hablar en público · El discurso · Comunicación no verbal · Improvisación · Argumentación · Tipos de argumentos · Falacias · Debate · Refutación · Temas para debatir · Actividades · Rúbricas · Recursos descargables
Normativa y fuentes de referencia
Real Academia Española, Diccionario de la lengua española: «oratoria».
Decreto 102/2023, de 9 de mayo, por el que se establece la ordenación y el currículo de Educación Secundaria Obligatoria en Andalucía.
Orden de 30 de mayo de 2023 por la que se desarrolla el currículo de Educación Secundaria Obligatoria en Andalucía, en su versión consolidada vigente.
