Leer en papel vs. leer en digital: ¿qué dice la ciencia?

La discusión no es nueva, pero hoy sí tenemos una respuesta mucho más matizada que hace unos años: no existe un ganador absoluto en todos los contextos, pero el papel sigue mostrando ventaja en comprensión profunda, concentración sostenida y lectura reposada, mientras que lo digital gana en accesibilidad, portabilidad, búsqueda, almacenamiento y funciones interactivas. La clave no es decidir qué formato es "mejor" en abstracto, sino entender para qué se va a leer, quién lee, qué tipo de texto tiene delante y en qué condiciones lo hace. Esa es, precisamente, una de las ideas centrales del informe de revisión publicado por la OCDE en 2025 sobre el impacto de las tecnologías digitales en el aprendizaje, donde se concluye que el acceso a la tecnología por sí solo no garantiza una mejora educativa y que los efectos dependen del uso pedagógico y del contexto.
Qué es lo más usado hoy
Aunque vivimos rodeados de pantallas, el papel sigue ocupando una posición muy fuerte. En España, por ejemplo, el Barómetro de Hábitos de Lectura 2025 de la Federación de Gremios de Editores de España muestra que la lectura de libros en soporte digital volvió a aumentar y alcanzó el 33,2% de la población de 14 o más años, pero ese mismo dato también deja claro que el formato digital todavía no ha desplazado al papel como forma principal de lectura. El propio informe añade además que el e-reader sigue siendo el dispositivo más utilizado para leer libros digitales, por delante del móvil y del ordenador.
Si ampliamos la mirada al mercado editorial internacional, el patrón es muy parecido. El informe anual de 2024 de la Association of American Publishers señala que los formatos impresos representaron el 50,5% de los ingresos editoriales totales, una cifra que confirma que el papel sigue siendo el soporte dominante en términos de mercado. Es verdad que el entorno digital continúa creciendo, pero la lógica actual no es tanto la sustitución del papel como la convivencia entre ambos formatos.

Qué dice la ciencia sobre la comprensión
Uno de los campos donde más se ha investigado esta comparación es el de la comprensión lectora. Y aquí la evidencia, aunque matizada, sí apunta a una tendencia bastante estable. Una revisión y metaanálisis elaborada por investigadores de la Universidad de Valencia en 2023, centrada en lectura en dispositivos portátiles frente al papel, revisó el llamado "screen inferiority effect", es decir, la desventaja que en algunos estudios presenta la lectura en pantalla frente al papel. Los autores concluyen que esa diferencia aparece sobre todo en determinadas condiciones, especialmente cuando se trabaja con textos expositivos, tareas exigentes o situaciones en las que el tiempo de lectura está limitado.
Ahora bien, la literatura más reciente también obliga a evitar afirmaciones simplistas. Un metaanálisis de 2024 publicado en ScienceDirect concluyó que no existe una diferencia global significativa en comprensión lectora entre papel y digital, aunque sí aparecen diferencias importantes cuando se analizan variables moderadoras como la edad, el tipo de texto, el tiempo disponible o el contexto de lectura. Dicho de otro modo: cuando se promedian todos los estudios, el resultado general puede parecer cercano al empate, pero en escenarios concretos el papel sigue mostrando ventaja.
La OCDE, en su revisión de 2025, resume bastante bien esta tensión entre ambos hallazgos. Por un lado, reconoce que la lectura digital puede ser útil y eficaz en determinados contextos; por otro, subraya que la lectura en papel favorece una comprensión más profunda y una implicación más reflexiva, especialmente con textos complejos o informativos, mientras que la lectura digital conduce con más frecuencia al skimming, es decir, a una lectura más superficial y menos sostenida.
Por qué puede pasar esto
La explicación de esta diferencia no parece depender de una sola causa, sino de varios factores que se combinan. Uno de ellos es la orientación espacial del texto. En la revisión de la Universidad de Valencia, los investigadores explican que el papel ofrece señales físicas que ayudan al lector a construir una representación mental más estable del texto: permite recordar mejor dónde estaba una idea, cuánto se ha avanzado, qué fragmento estaba al principio o al final de una página o cuánto queda por leer. En digital, sobre todo cuando hay desplazamiento continuo por pantalla, esa orientación puede ser menos clara.
Otro factor tiene que ver con los hábitos de lectura que promueve cada medio. El informe de la OCDE de 2025 insiste en que la lectura digital favorece más fácilmente prácticas como el escaneo rápido, la búsqueda puntual y la lectura fragmentada. Ese tipo de lectura puede ser muy útil para localizar información o moverse entre documentos, pero no siempre es la mejor para comprender textos largos, densos o argumentativos, que exigen una atención más mantenida y una integración más profunda de las ideas.
A todo ello se suma la cuestión de la distracción. No es lo mismo leer en un e-reader dedicado que hacerlo en un móvil lleno de notificaciones, ventanas abiertas y aplicaciones compitiendo por la atención. De hecho, la propia OCDE insiste en que una parte importante del problema no es la pantalla en sí, sino el ecosistema digital de multitarea e interrupción constante que suele acompañarla.
Ventajas de leer en papel
La principal ventaja del papel es que sigue siendo el formato más fiable cuando lo que se busca es leer con profundidad. La revisión de la OCDE publicada en 2025 señala expresamente que el soporte papel favorece una comprensión más profunda y una implicación más reflexiva, especialmente con textos complejos, informativos o largos. Por eso, cuando el objetivo es estudiar, seguir un argumento exigente, retener detalles o mantener la atención durante bastante tiempo, el papel suele ofrecer mejores condiciones.
También suele ser mejor opción cuando lo que se busca es relajación, sobre todo al final del día. Aquí no solo entra en juego la sensación subjetiva de calma, sino también la fisiología del sueño. Como explica Harvard Health en su revisión sobre luz azul y ritmos circadianos, la exposición a luz nocturna suprime la secreción de melatonina, y la luz azul lo hace con más intensidad, alterando el reloj biológico y retrasando el sueño. En ese contexto, el libro en papel tiene una ventaja obvia: no emite luz, no interfiere con la melatonina y no suele venir acompañado de alertas, mensajes o estímulos paralelos.
Además, el papel evita buena parte de la fatiga visual asociada a las pantallas. La American Academy of Ophthalmology recuerda que el uso continuado de pantallas favorece molestias como ojos secos, irritación o cansancio ocular porque, al mirar dispositivos digitales, parpadeamos menos de lo habitual, lo que facilita la sequedad de la superficie ocular. Esa es una de las razones por las que muchas personas sienten menos fatiga cuando leen en papel que cuando leen durante mucho tiempo en una pantalla retroiluminada.

Inconvenientes de leer en papel
Eso no significa que el papel sea perfecto. Su principal limitación es práctica. Leer en papel implica menos portabilidad, más volumen físico y menos capacidad para mover grandes cantidades de texto de un sitio a otro. Además, desde el punto de vista de la accesibilidad, el papel tiene menos recursos: no permite ampliar letra con un clic, cambiar el contraste, buscar términos al instante o integrar herramientas de apoyo de forma inmediata. La OCDE subraya precisamente que parte de la fortaleza del entorno digital reside en esa capacidad de adaptación a distintas necesidades de lectura.
Ventajas de leer en digital
Ahí es donde lo digital muestra sus fortalezas con más claridad. La lectura digital destaca en accesibilidad, flexibilidad y gestión de información. El informe de la OCDE recoge que los entornos digitales pueden resultar especialmente valiosos cuando permiten ajustar tamaño de letra, ritmo, formato o acceso a recursos complementarios, y cuando se integran bien en experiencias de aprendizaje diseñadas con sentido pedagógico.
También es el formato más cómodo para transportar bibliotecas enteras, buscar palabras o pasajes concretos, moverse entre varios documentos o consultar información adicional sin fricción. En la práctica, eso convierte a lo digital en una herramienta especialmente útil para profesionales, estudiantes e investigadores que trabajan con gran volumen de información y necesitan rapidez de acceso, búsqueda y organización. Esa ventaja funcional no la discute prácticamente nadie: incluso los trabajos que encuentran mejor comprensión en papel reconocen que el medio digital ofrece beneficios muy claros en comodidad y manejo.
En el caso de la alfabetización infantil, además, la evidencia tampoco es enteramente contraria a lo digital. Una revisión publicada en PubMed Central sobre lectura emergente y libros electrónicos concluye que, cuando los ebooks están bien diseñados y bien seleccionados, pueden apoyar el desarrollo de habilidades tempranas de lectura e incluso ofrecer ventajas en determinados contextos. Es decir, el problema no es el soporte digital como tal, sino el diseño del recurso y la manera en que se utiliza.
Inconvenientes de leer en digital
El principal inconveniente de la lectura digital aparece cuando se necesita comprensión profunda y atención sostenida. Ahí es donde resurgen los resultados de la Universidad de Valencia sobre el "screen inferiority effect" y las conclusiones de la OCDE, que advierten de que la lectura en pantalla, especialmente en textos complejos o informativos, se asocia con más facilidad a una implicación menos reflexiva y a hábitos de skimming.
También hay un impacto físico más claro cuando la lectura se realiza durante mucho tiempo en pantallas retroiluminadas. La American Academy of Ophthalmology explica que el uso continuado de dispositivos digitales favorece síntomas como sequedad ocular, visión incómoda y fatiga porque se reduce el parpadeo normal. A esto se suman molestias posturales frecuentes cuando la lectura se hace en móvil, tablet u ordenador durante largos periodos.
Y si la lectura digital se traslada a las últimas horas del día, aparece otro problema importante: el sueño. Como recoge Harvard Health, la luz azul nocturna suprime la melatonina durante más tiempo y desplaza más el ritmo circadiano que otras longitudes de onda comparables. Por eso, aunque una lectura digital pueda resultar agradable, hacerlo en pantalla antes de dormir no suele ser la mejor opción si lo que se busca es descanso real.
Cómo afecta al cuerpo
Desde el punto de vista corporal, el contraste entre ambos formatos es bastante intuitivo, pero también está respaldado por la evidencia. El papel suele generar menos fatiga visual porque no emite luz y no obliga al ojo a enfrentarse al mismo tipo de estimulación que una pantalla. Esto no significa que leer en papel sea completamente neutro —una mala postura, poca luz o una tipografía diminuta también pueden provocar cansancio—, pero en conjunto las pantallas plantean más factores de incomodidad ocular. La American Academy of Ophthalmology lo resume de forma sencilla: mirar pantallas durante mucho tiempo hace que parpadeemos menos y eso seca más la superficie del ojo.
No toda lectura digital, sin embargo, afecta por igual. La literatura especializada lleva tiempo diferenciando entre pantallas retroiluminadas y dispositivos de tinta electrónica. Una revisión disponible en PubMed Central sobre la experiencia de lectura en distintos soportes sugiere que los lectores de tinta electrónica se aproximan más al papel en términos de comodidad visual que los móviles o tablets tradicionales, lo que introduce un matiz importante: no toda "lectura digital" es la misma experiencia física.
Cómo afecta al cerebro y a la atención
No hay evidencia seria de que leer en digital "dañe el cerebro", pero sí de que puede favorecer un tipo distinto de relación con el texto. La revisión de la Universidad de Valencia y el informe de la OCDE coinciden en que la lectura digital, especialmente en entornos llenos de estímulos, se asocia con más fragmentación de la atención, más tendencia al escaneo y menos implicación sostenida. Dicho de forma sencilla, el cerebro no se estropea, pero sí puede acostumbrarse a leer de otra manera: más rápido, más superficialmente y con más saltos entre estímulos.
Ese matiz es importante, porque también implica que el problema no está únicamente en la pantalla, sino en el ecosistema de uso. Un e-reader sin notificaciones no plantea la misma carga atencional que un smartphone. Por eso cada vez más investigaciones no comparan simplemente "papel frente a digital", sino distintos tipos de lectura digital en distintos contextos. El propio metaanálisis de ScienceDirect de 2024 refuerza esa idea al subrayar que papel y digital muestran ventajas y desventajas que se complementan según las variables del contexto.

Cómo afecta al desarrollo académico
En el terreno académico, la evidencia es bastante consistente: cuando el objetivo es estudiar, comprender textos complejos o retener información, el papel sigue siendo una apuesta más segura. El informe de la OCDE de 2025 recomienda incluso considerar con especial cuidado el uso de la lectura en papel para tareas que exigen comprensión profunda, sobre todo en alumnado joven que todavía está consolidando habilidades lectoras.
Eso no invalida el valor educativo de lo digital. De hecho, el mismo informe de la OCDE insiste en que las herramientas digitales pueden ser muy útiles para ampliar contenidos, acceder a materiales, personalizar la enseñanza o apoyar determinados procesos de aprendizaje, siempre que su uso esté bien diseñado. La conclusión más razonable, por tanto, no es que lo digital perjudique por definición, sino que no cumple igual de bien todas las funciones que cumple el papel.
En infancia temprana, además, el panorama es todavía más matizado. La revisión sobre alfabetización inicial publicada en PubMed Central muestra que los libros digitales pueden apoyar el aprendizaje cuando están bien diseñados, pero también sugiere que el formato, por sí solo, no garantiza mejores resultados. Una vez más, la calidad del recurso y la mediación importan tanto como el soporte.
¿Qué es mejor para niños y jóvenes estudiantes?
Cuando la pregunta se centra en niños y jóvenes estudiantes, la respuesta de la ciencia se vuelve todavía más interesante, porque aquí importa mucho la edad, el tipo de lectura y el objetivo. En líneas generales, la evidencia sugiere que para aprender a leer, comprender bien y estudiar textos complejos, el papel sigue siendo la opción más segura, especialmente en primaria y secundaria. La OCDE, en su revisión de 2025 sobre tecnologías digitales y aprendizaje, insiste en que el uso de herramientas digitales en educación puede aportar valor, pero también advierte de que el acceso a pantallas no mejora automáticamente el aprendizaje y de que, en tareas de lectura profunda, los formatos impresos siguen ofreciendo ventajas relevantes.
En el caso de los niños pequeños, la investigación no dice simplemente que "lo digital sea malo", pero sí marca varios matices importantes. Una revisión publicada en PubMed Central sobre alfabetización emergente concluye que los ebooks pueden funcionar igual de bien e incluso mejor que los libros impresos cuando están bien diseñados y se usan correctamente. El problema es que eso no ocurre siempre: muchos libros digitales incorporan elementos interactivos que distraen más de lo que ayudan, o desplazan la atención desde la historia hacia el dispositivo.
Además, en lectura compartida entre adultos y niños pequeños, el papel parece seguir teniendo una ventaja importante. Un estudio publicado en PubMed Central sobre interacción entre padres y niños pequeños observó diferencias entre la lectura con libros electrónicos y la lectura con libros impresos, y sugiere que el papel favorece una interacción más rica y más centrada en la narración. Esto importa mucho, porque en las primeras edades no solo cuenta "entender el cuento", sino también la calidad de la conversación, la atención conjunta y el vínculo que se crea alrededor de la lectura.
Cuando hablamos ya de niños en edad escolar y adolescentes, el panorama cambia un poco, pero la ventaja del papel para estudiar sigue siendo bastante consistente. La revisión de la Universidad de Valencia sobre comprensión lectora en dispositivos portátiles y papel señala que la lectura en pantalla tiende a rendir algo peor en comprensión cuando los textos son más exigentes o cuando la tarea requiere más control atencional. En esa misma línea, un metaanálisis de 2024 publicado en ScienceDirect concluyó que no hay una diferencia global enorme entre papel y digital, pero sí diferencias claras según variables como la edad, el tipo de texto y el contexto de lectura. Eso encaja bastante bien con la práctica educativa: para consultar, buscar o acceder a materiales, lo digital funciona muy bien; para estudiar de verdad, comprender y retener, el papel suele seguir ofreciendo mejores resultados.

Por eso, si la pregunta es qué conviene más a niños y jóvenes estudiantes, la respuesta más razonable no es elegir un solo formato para todo, sino hacer una distinción muy práctica. En educación infantil y primeros lectores, el papel suele ser preferible para la lectura compartida, el desarrollo de la atención y la comprensión de historias, aunque los ebooks bien diseñados pueden ser útiles como complemento. En primaria, secundaria y bachillerato, el papel parece la mejor opción para textos largos, estudio, subrayado reflexivo y comprensión profunda, mientras que lo digital resulta muy valioso para acceder a recursos, buscar información, adaptar el tamaño de letra y trabajar con materiales complementarios. La propia OCDE plantea precisamente esa idea: no se trata de sustituir el papel por pantallas, sino de usar cada formato allí donde mejor funciona para el aprendizaje.
La conclusión, en este punto, sería bastante clara: para niños y estudiantes jóvenes, el papel sigue siendo mejor como base de la lectura y del estudio, mientras que lo digital funciona mejor como apoyo, complemento y herramienta de acceso.
Y para relajarse, ¿qué conviene más?
Si el objetivo es desacelerar, el papel suele salir claramente favorecido. No emite luz, no compite con otras aplicaciones, no incorpora notificaciones y encaja mejor con una rutina de descanso. En este punto, el respaldo de Harvard Health es especialmente útil porque conecta la experiencia subjetiva de "leer para relajarse" con un mecanismo fisiológico concreto: la exposición nocturna a luz azul altera la melatonina y el ritmo circadiano. En otras palabras, el papel no solo parece más calmado; en muchos casos también lo es desde el punto de vista biológico.
Eso no significa que la lectura digital no pueda ser relajante. Puede serlo, sobre todo en un e-reader, con brillo moderado y sin interrupciones. Pero cuando hablamos de móvil o tablet por la noche, la ventaja práctica del papel es difícil de discutir.
Entonces, ¿qué es mejor?
La conclusión más honesta que permite extraer la literatura es que no hay un único formato mejor para todo, pero sí una pauta bastante clara. Para comprensión profunda, estudio, concentración y lectura reposada, el papel sigue siendo mejor en promedio, tal como recoge la OCDE y como sugieren los trabajos del entorno de la Universidad de Valencia sobre el "screen inferiority effect".
Para portabilidad, accesibilidad, búsqueda, personalización y gestión de grandes volúmenes de texto, lo digital ofrece ventajas evidentes, algo que también subraya la revisión de la OCDE y que encaja con la expansión real de la lectura digital reflejada en las estadísticas de la Federación de Gremios de Editores de España.
Y si hablamos de descanso, de lectura nocturna o de una experiencia menos invadida por estímulos, el papel sigue teniendo una ventaja muy sólida, tanto desde el sentido común como desde la fisiología del sueño explicada por Harvard Health.
Mi conclusión final
Si hubiera que condensarlo en una sola idea, sería esta: lo mejor no es leer solo en papel o solo en digital; lo mejor es usar el papel para leer mejor y lo digital para acceder mejor. La ciencia no obliga a elegir un bando, pero sí sugiere algo bastante claro: cuando lo importante es comprender, concentrarse y descansar, el papel sigue teniendo ventaja; cuando lo importante es la flexibilidad, la accesibilidad y la gestión de la información, lo digital resulta imbatible.
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