Concepción de Estevarena: la poeta romántica a la que prohibieron escribir

15.09.2021

A esta niña sevillana del siglo XIX, su padre le prohibió escribir porque pensaba que no era digno para una señorita. Cuando se quedaba sola, plasmaba en las paredes versos que memorizaba para después borrarlos.

Entre las escritoras españolas poco conocidas conmueve especialmente la historia de la sevillana Concepción de Estevarena. Fue una poeta romántica española de corta vida que no lo tuvo fácil para escribir debido al carácter severo de su padre. Tanto que intentó frenar la vocación poética de su hija prohibiéndole escribir y guardando cualquier utensilio que se lo permitiera. Sin embargo, cuando Concepción se quedaba sola, escribía poemas en las paredes, los aprendía de memoria y los borraba después. Su vida ya había comenzado mal, puesto que su madre falleció de cólera cuando la poeta solo tenía dos años. Todo hizo que Concepción fuese una joven melancólica y taciturna.

La niña sintió la necesidad de escribir y superó la adversidad de la prohibición aprovechando las horas de soledad en las que el padre, alguacil en el ayuntamiento de Sevilla, trabajaba. Conocí la historia de esta niña sevillana a través de una breve nota en el libro Todo lo que hay que saber sobre poesía de Elena Medel:

"El padre de Estevarena le prohibió escribir, y eliminó cualquier útil en casa que se lo permitiera: ningún hombre se casaría con una mujer más preocupada por las letras que por el hogar".

Concepción tomó las paredes para esbozar sus versos, memorizándolos y borrándolos antes de que llegara su padre. Después los trasladaba a un cuaderno en casa de una amiga.

Con el tiempo, Concepción Estevarena ha tenido sus publicaciones poéticas. En 2005, editorial Torremozas publicó su antología Últimas flores donde Luzmaría Jiménez Faro amplía la biografía y el estudio crítico de una autora que comparte rasgos poéticos con Gustavo Adolfo Bécquer.

La breve vida de Concepción de Estevarena

Rafaela María de la Concepción Ana de la Santísima Trinidad Estevarena Gallado nació el 10 de enero de 1854 en Sevilla y falleció el 11 de septiembre de 1876 en Jaca. La suerte no le sonrió, ya que en 1875 había muerto su padre. Se quitó el yugo de su rigidez para escribir libremente, pero la mala suerte le daría una última estocada y Concepción enfermó meses después de tisis pulmonar y falleció con 22 años.

En Sevilla, Concepción estuvo acompañada y fue comprendida por una familia de poetas, los Velilla. Le dieron el apoyo para que siguiera escribiendo. Además, es curioso que pese a la severidad de su progenitor, no lo odió, sino que lo aceptó y escribió poemas verdaderamente conmovedores dedicados a él.

Cuando falleció su padre, perdió su casa y quedó desamparada. Su única salida fue aceptar la invitación de un pariente que fue chantre (encargado del canto del coro) en la Catedral de Jaca. Llegó a Jaca con la salud muy quebrantada, lo que generó una inquietud que traslada en sus últimos versos, ya en papel, y que recibe Mercedes Velilla por carta.

Un año después de la muerte de Concepción Estevarena, la familia Velilla ordena sus poemas y los publica en Sevilla bajo el título de Últimas flores añadiendo una segunda parte con poemas de los componentes de la familia dedicados a Concepción.


La poesía de Concepción Estevarena

Los versos de Estevarena, según Jiménez Faro, están unidos con los de Gustavo Adolfo Bécquer en métrica, ritmo, cadencias y, sobre todo, motivos de inspiración. Estevarena pudo conocer los poemas de su paisano sevillano a través de publicaciones sueltas o incluso en su publicación definitiva en la parte final de su vida. Hay conexiones, pero también ideales de vida distintos.

Quisiera ser más grande que el deseo,

más libre que un suspiro;

quisiera ser un ignorado mundo

rondando en el vacío.

Tras leer el libro editado por Torremozas, noto en Estevarena conexiones métricas, aunque una mayor presencia del arte mayor, metáforas sobre la naturaleza similares y el uso de determinados símbolos, no solo de Bécquer, sino románticos: el suspiro, el cementerio, el himno o el jardín misterioso. También aborda un tema del Romanticismo como la muerte, la muerte propia:

Y es ¡ay! mi voluntad tan combatida

que sobrándome vida amo la muerte,

y a punto de morir querré la vida.

Y como Bécquer, también habló de unos ojos azules en un amado desconocido o ficticio:

Profundos como el mar, pero sin perlas

son tus ojos azules;

y a través de tu pena, tu sonrisa

es un rayo de luna entre dos nubes.

Estamos ante una mujer de vida corta, que encontró serias dificultades para generar literatura y que, por lo tanto, también tiene una obra escasa, algo que ocurre con muchas escritoras.


Bibliografía

  • Estevarena, C.  (2005). Últimas flores. Madrid: Torremozas.
  • Medel, E. (2018). Todo lo que hay que saber sobre poesía. Barcelona: Ariel.