¿El juglar?, ¿dónde está el juglar?, ¿lo mataron?

02.02.2026

Cardillo, el primer juglar español, fue asesinado sin que nadie pagara por ello. En cuanto a la primera juglaresa, es posible que tuviera que ejercer la prostitución para salir adelante.

La Edad Media no se entiende solo por lo que se escribía, sino por quién podía decirlo en voz alta y en qué lugares. En un extremo están los trovadores, autores de letras y melodías que circulan por cortes y salones; en el otro, los juglares, profesionales del camino que convierten esas canciones y muchas otras historias en un espectáculo vivo: voz, instrumento, ritmo, humor o acrobacias. La teoría los separa; la realidad los mezcla. Y en esa mezcla nace un mundo donde la palabra podía abrir puertas… o cerrarlas para siempre. 

Hoy vengo a hablar de algunos juglares a los que los libros de Literatura no suele poner nombres, pero que, a tenor por lo recogido en algunos textos especializados, sí que los tuvieron. Aunque, eso sí, tal y como hicieron ellos, añadiré parte de mi ficción. 

Dicen que Marcabrú entraba como si su ropa ya fuera un aviso. No parecía hecho para caer bien. Su atuendo —imaginémoslo con capas ásperas, colores sobrios, un broche que no busca lucirse y una máscara de demonio— tenía algo de declaración: no vengo a adornar la sala, vengo a moverla. Cuando por fin cantaba, se notaba que no estaba allí para repartir cumplidos. Su fama, en los manuscritos y en la memoria literaria, es la del trovador que no se conforma con el amor idealizado de moda: le interesaba más el filo moral, la crítica a la hipocresía y a los juegos de apariencias. Marcabrú no canta para dormir conciencias; canta para despertarlas. Y eso en una corte siempre produce el mismo efecto: algunos aplauden con entusiasmo, otros sonríen sin mirarle a los ojos y unos cuantos toman nota, por si acaso. 

Muy lejos de esa sala elegante, otro artista se jugaba el día a día sin escudos. Cardillo, juglar de Pamplona, no aparece en una biografía romántica, sino en un documento: seco, breve, casi indiferente. Ahí está lo inquietante. En un texto redactado en Albelda (La Rioja) en 1082, se menciona que Cardillo murió asesinado años atrás, en torno a mediados del siglo XI (se suele situar entre 1047 y 1054, aproximadamente hacia 1051), en un lugar llamado Collado, en la zona alta de Albelda. Y el dato más frío es también el más elocuente: nadie pagó por ello. La violencia, cuando no tiene coste, se convierte en costumbre. La cuestión es que este fue el final del primer juglar español conocido.

De lo que ocurrió esa noche no quedan detalles, así que la historia puede completar lo que el archivo calla. Cardillo hacía lo que hacen los buenos juglares: leer la plaza. Tocaba, cantaba, lanzaba malabares para atraer miradas y, cuando tenía al público en la palma, soltaba versos con una puntería que dolía. No nombró a nadie —los listos nunca nombran—, pero habló de un señor que pedía tributos con palabras piadosas y manos rápidas; de una justicia que cambiaba de balanza según quién se subía al estrado; de una dama a la que todos decían "honorable" y que, sin embargo, decidía quién merecía escuchar y quién merecía silencio. Tal vez fue el poema o tal vez la risa del público. O incluso, como a veces pasa, fuese una simple mirada sostenida un segundo de más. El caso es que, en un mundo donde la reputación lo era todo, un juglar podía ser útil mientras divertía… y peligroso en cuanto señalaba.

Y entonces llega María la Balteira, que obliga a mirar el oficio sin nostalgia. De niña —imaginémosla en una plaza gallega— esperaba el sonido antes de ver a nadie: un pandero, una voz que probaba la acústica del aire y el primer verso como una chispa. Soñaba con eso: con ser la que entra y, de repente, la gente se calla. Con ser la que cuenta y tener un lugar ganado por la palabra. Pero crecer en esa época también era aprender que el escenario no era neutral. La tradición la recuerda como soldadeira en el siglo XIII: una figura ligada a entornos cortesanos y a la vida itinerante del entretenimiento, famosa, mencionada en cantigas, rodeada de admiración y de burla a partes iguales. En su mundo, cantar y bailar podía abrir puertas y también convertirte en mercancía.

Así que Balteira aprendió pronto la letra pequeña: además de talento, hacía falta cintura para sobrevivir. En campamentos y cortes, el entretenimiento se mezclaba con jerarquías, deseos y rumores. A veces una canción era un trabajo; otras, un salvoconducto; otras, una trampa. Ella quería ser juglar por la historia, por la música, por el brillo de encender una plaza. La realidad —la que no sale en los cuentos— podía exigirle también favores que no tenían nada de poéticos. Y aun así, ahí está su fuerza como personaje: no se borra, no se vuelve sombra. Se mueve, se adapta y deja rastro. Cuando la nombran, es porque existió con intensidad en un lugar donde muchas mujeres no podían existir públicamente.

Si unes a Marcabrú, Cardillo y Balteira, el tema deja de ser una definición y se convierte en una idea grande y muy útil para clase: la literatura medieval no es solo "texto", es voz en una sala, voz en una plaza y voz en un sistema, pero con muchos riesgos (A Cardillo le costó la vida)

A veces la voz crítica desde el borde de la corte; a veces se juega la vida en el camino o a veces paga un precio extra por ser mujer y artista. Y, aun así, canta. Porque en aquel mundo la palabra era espectáculo, sí, pero también era poder: el poder de cambiar lo que la gente se atreve a pensar durante unos segundos. Y eso, en cualquier época, es peligroso.

En 2025, 128 periodistas y profesionales de los medios de comunicación, entre ellos 10 mujeres, perdieron la vida, según la lista definitiva de personas asesinadas publicada el 31 de diciembre por la Federación Internacional de Periodistas (FIP). Quizá, la vida, no haya cambiado tanto un milenio después.

Bibliografía

  • Encyclopaedia Britannica. "Marcabru". https://www.britannica.com/biography/Marcabru

  • Harvey, R. "The Troubadour Marcabru and his Public I" (PDF, University of Reading). https://www.reading.ac.uk/gcms/-/media/project/functions/research/graduate-centre-for-medieval-studies/documents/rms198803-r-harvey-the-troubadour-marcabru-and-his-public.pdf
  • Príncipe de Viana (PDF). Mención documental de "Cardelle ioculero" en Albelda (1082). https://www.culturanavarra.es/uploads/files/PV215-pagina0875.pdf
  • Condado de Castilla (divulgación con referencia al Cartulario de Albelda, doc. 62). "Cardillo: el juglar más antiguo conocido en España". https://www.condadodecastilla.es/blog/cardillo-juglar-mas-antiguo-conocido-espana/
  • Wikipedia (síntesis y referencias de partida). "María la Balteira". https://es.wikipedia.org/wiki/Mar%C3%ADa_la_Balteira
  • Wikipedia (en inglés, síntesis y referencias). "María Pérez Balteira". https://en.wikipedia.org/wiki/Mar%C3%ADa_P%C3%A9rez_Balteira