Bernarda o cuando una mujer ejerce el patriarcado

La excepcionalidad de Federico García Lorca le llevó a afrontar temáticas muy polémicas como nunca antes lo había hecho nadie. La casa de Bernarda Alba pone en el centro del panorama literario a una familia conformada únicamente por mujeres en una sociedad donde imperaba el patriarcado como es la España rural de la primera mitad del siglo XX. Aunque el texto esté escrito por un hombre, la sensibilidad de Federico García Lorca queda reflejada en este drama basado en una historia real con unos personajes femeninos en los que afloran sensibilidades diversas, todas ellas bajo la dictadura de Bernarda, la madre, que aunque sea mujer, ejerce un papel que podría encuadrarse dentro de los estereotipos masculinos de fuerza, violencia y represión.


Un teatro aún vivo

Federico García Lorca es poeta, dramaturgo y músico. En todas las disciplinas mostró su sensibilidad y capacidad para conectar con el público. Y, en efecto, hoy su teatro sigue manteniéndose vivo. Supo ver que en la casa vecina al hogar donde su familia pasaba las vacaciones había sustancia, vio una historia tipo que reflejaba el papel de la mujer en los pueblos de España y quiso ponerlo sobre las tablas. Para ello, elaboró un texto donde la mujer no solo es el protagonista principal, sino que todos los personajes son mujeres salvo Pepe el Romano, que ejerce una notable influencia, aunque está ausente y no aparece en escena en ningún momento. De hecho, Lorca rota el tradicional papel de la mujer como objeto de deseo y en esta obra el objeto de deseo al que quieren varias de las hermanas es el hombre. Pero ese deseo tiene además el propósito del hombre como fórmula para salir del hogar familiar y dejar de estar bajo la influencia de la madre.

Lorca otorga rasgos psicológicos diferenciados a los personajes, aunque siempre dentro de una simplicidad. Bernarda Alba es una mujer azotada por la muerte de sus dos maridos, pero que aparenta fortaleza como pilar que sostenga la familia ante la ausencia masculina. Esa potencia se observa desde el título de la obra, hablamos de la casa de una mujer, cuando las propiedades solían pertenecer al hombre; de hecho, en su carácter hay gran masculinidad, representa la autoridad, el poder, impone el luto a sus hijas e incluso no teme a coger una escopeta para disparar al hombre. Es un personaje conservador que le da mucha importancia a las apariencias, al qué dirán. Los personajes de Lorca hablan incluso con sus nombre y, Bernarda, adaptación femenina de Bernardo, también ofrece masculinidad.


El retrato de las hermanas

La hermana mayor es Angustias, está prometida con Pepe el Romano y al tener 39 años parece estar ante su última oportunidad de casarse. Sin embargo, hay una creencia entre sus hermanas de que Pepe solo la quiere por el dinero, ya que viene de otro matrimonio y le ha quedado herencia. Su angustia se refleja en palabras de Magdalena: "está vieja, enfermiza y siempre ha sido la que ha tenido menos méritos de todas nosotras".

Otra de las hermanas, Magdalena, está siempre triste, deprimida y llora fácilmente. Sufre envidia por la hermana mayor, mientras que Amelia es amable, pero infeliz y desea escapar para comenzar una nueva vida. Martirio también es atormentada, pero este tormento reside en que está enamorada de Pepe el Romano y sabe que él está obsesionado y desea sexualmente a la hermana pequeña, Adela, a quien odia.

Adela es la hermana más diferente y la más joven. Es la más hermosa y la única que muestra rebeldía frente a Bernarda. Sus escarceos con Pepe el romano provocan la tragedia. Es impulsiva, prendida hasta la médula por Pepe el Romano y se resiste a vestir de negro. Sabe que Pepe la quiere a ella y eso la fortalece.

La obra se completa con María Josefa, es la madre de Bernarda, precisamente tiene los nombres bíblicos de la madre y el padre de Jesús. Está loca, pero dice verdades como puños e influye junto a Adela en la rebelión. Esa verdad, también la encontramos en La Poncia, criada que describe a Bernarda de la siguiente forma: "Tirana de todos los que la rodean. Es capaz de sentarse encima de tu corazón y ver cómo te mueres durante un año sin que se le cierre esa sonrisa fría que lleva en su maldita cara" .

Aunque no han quedado hombres en la familia, bajo la dictadura de Bernarda se intenta mantener un orden patriarcal. De hecho, intenta mantener a sus hijas dependiendo de ella, sin libertad para actuar, opinar y decidir y siempre manteniendo la honra, el honor, la buena imagen y la decencia. El trabajo de los hombres ha generado riquezas que debe asegurar el matrimonio de la hermana mayor y la castidad de todas las demás. La relación entre las hermanas parece correcta en las apariencias, pero se producen celos entre ellas, lo que se suma a una angustia interior en todas que solo es contestada por la hermana menor. Precisamente, esa rivalidad que surge entre ellas se da a consecuencia de un único hombre, Pepe el romano, la actividad femenina gira en torno a él.


Luto y ultraprotección

Bernarda tiene a sus hijas alrededor y las ultraprotege, con el luto impide que muestren su cuerpo, con sus órdenes y sentencias evita la libertad de pensamiento y el desahogo de unos sentimientos que se convierten en desazón. Pero eso es lo que impera en el pueblo, el recato femenino, es al menos lo bien visto.

En cuanto a los estereotipos de mujer, Adela a partir de su desobediencia e iniciativa refleja un estereotipo femenino negativo, mientras que en el resto de las hermanas encontramos la castidad y sumisión dentro de estereotipos positivos, aunque con variantes. Ya hemos hablado del rol masculinizante de Bernarda, que no duda en ejercer su patrón de superioridad hablando con dureza a sus hijas cuando es necesario. Busca con ello perpetuar el patriarcado que se pone en tela de juicio con la muerte de su marido. Todo esto hace que las hijas no tengan voz propia en la obra, están dominadas y silenciadas por la madre salvo en el caso de Adela. La hija menor se rebela, aunque la que finalmente llega más lejos abandonando definitivamente la casa de Bernarda con su suicidio es una de las hermanas más débiles, Adela, al creer que se queda sin el hombre con el que espera casarse.


Un lenguaje que cala

En cuanto al lenguaje, encontramos un lenguaje coloquial, de diálogos con intervenciones que suelen ser breves. Se da una mayor extensión en Bernarda, como referente y autoridad, con un característico imperativo para ejercer este rol como el "¡Silencio!" del final. Ante ellas, las hijas hablan con pocas palabras. Sí encontramos una mayor profundidad en los diálogos de las criadas, en las intervenciones de María Josefa o cuando hay conversaciones a solas entre las hijas siendo Magdalena y Adela quienes llevan la voz cantante.

Estamos, por lo tanto, ante un drama que denuncia la marginación y la hipocresía social sobre la mujer de la época en un marco realista, tanto que está sacado de un pueblo de Granada. Ese mundo real se representa desde el universo poético y simbólico del autor, que saca de su entorno patriarcal el ser femenino imperante para mostrar el sufrimiento callado que se da en el seno de una familia que puede ser cualquier familia.


El machismo de Bernarda

Aunque La casa de Bernarda Alba sea una obra donde solo aparecen mujeres, su personaje principal es una señora machista. Asume la obligación de ocupar el lugar del varón y ejerce como tal por lo que el patriarcado se ha institucionalizado hasta tal punto que sigue vigente, aunque no haya un cabeza de familia masculino. Estamos, por lo tanto, ante una historia de poder y dominación patriarcal donde el lugar simbólico del patriarca es ocupado por una mujer, lo que le da una complejidad ideológica mayor al asunto. Lo más inmediato es interpretarlo como muestra de la colaboración necesaria de muchas mujeres en el mantenimiento del orden patriarcal. En esta colaboración participan también todas las demás mujeres que se oponen a Adela y su ansia de libertad. El final es trágico: la rebelión contra la ley y el poder patriarcal y falocéntrico supone la locura y la muerte. Un final que no solo constata y denuncia la situación de la mujer rural española, sino que supone una advertencia a las posibles insumisas de la época y reta a la mujer de aquella España.


Un trabajo realizado por Javier Lara para la asignatura Claves culturales del Máster Avanzado en Humanidades de la Universidad de La Rioja


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