Poemas de la isla, Josefina de la Torre ante el amor y el mar

En 1930, Josefina de la Torre tenía 23 años. Su libro Poemas de la isla muestra esos aires juveniles, la espera de amor y un deseo esperanzado de poner fin a la ausencia en conexión directa con el mar, elemento que lo rodea todo y que rodea a la isla de Gran Canaria desde donde escribía la autora. En aquel año de publicación, De la Torre ya conocía Madrid y todo el movimiento literario de la Generación del 27. En parte, se deja notar en un libro con influencias de Bécquer, pero también con la luz de los poetas malagueños del grupo.

Poemas de la isla es un libro ligero, donde las composiciones son breves y preferentemente de arte menor y verso libre, aunque se dan algunos casos de rima asonante:

Sin horizontes, los ojos

el sueño los fue cerrando.

Pero el corazón, inútil

como un reloj desvelado.


De la Torre pone en juego todos los sentidos para plasmarlos en unos versos con numerosos encabalgamientos, tanto suaves como abruptos, con epíforas y paralelismos y, donde desde las primeras líneas, cobra presencia el mar, como elemento que llenará el vacío generado por el amado.

Sin embargo, la vida sin ese ser querido se hace larga, el tiempo parece no pasar, aunque siempre queda el recuerdo:

Tu presencia lejana

deja sobre mi frente

la mano que despierta

mi sueño, poco a poco.


Pero en esa soledad, surgen además poemas donde el yo poético tiene sus escapados para el amor, en las que conoce a fondo a la otra persona, con poemas que en ocasiones son muy musicales y en otras decrece el ritmo. Se mezcla la realidad y los sueños:

Cómo temblaban mis labios

al despertarme mi sueño.


Sea como sea, el amor está presente como fenómeno de la naturaleza, una naturaleza de aire y tierra en contacto con el cuerpo humano donde tampoco falta en machadiano concepto de camino:

"Yo no sé por qué camino

ni cual será la vereda".


Es habitual en la autora el empleo de diminutivos y de exclamaciones:

¡Airecito de mis ojos

que me riza el pensamiento!


Encontramos con el paso de los poemas otras figuras como sinestesias y personificaciones y ciertas antítesis que quizá hacen ver que el amor supone riesgo:

Para mi bien,

para mi mal.


En ocasiones, desde Las Palmas de Gran Canaria, con una autora que llama al amado "centinela de mi pecho" llegan también aires lorquianos:

El galopar del alba,

bajo orillas blancas.


Tras poemas de enumeraciones con la acumulación de objetos cotidianos, el libro finaliza con un regusto plácido, de imágenes potentes del ser en conexión con la naturaleza:

El viento me abraza

y enreda los vestidos

para dejarme sola

con la mañana incierta.


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Josefina de la Torre es una de las mujeres escritoras más relevantes.