Buscando atardeceres encontré el amanecer eterno

Yo era el buscador de atardeceres especiales, pero aquel día rompí todos mis hábitos. El despertador sonó a una hora diferente, salí de casa, puse otro rumbo y cambié de banda sonora. Siempre intenté definir la paz consultando al horizonte y entonces llegó aquel amanecer. Coincidí con el primer rayo de Sol allí donde el río sale de un quiebro imposible, como la variedad de colores de aquella mañana. El astro salió lento, gustándose, ruborizándose porque habría aclamación al entrar en escena. Melodías de distintos instrumentos lo recibieron, juncos resistían firmes pese al viento, arbustos se aupaban para ver mejor, aves navegaban guiadas por las primeras luces como quien sabe que sigue el buen camino. No había más personas, pero tampoco soledad pues todo lo demás había acudido a la cita: el color, el sonido, el viento, los pensamientos...

El amanecer se hizo todo. La naturaleza gritó que nunca terminaremos con ella. La tierra, el agua y el fuego se unieron en una bocanada visual y sonora. Hay lugares que ves en tus sueños, pero que siguen frente a ti cuando el día despierta.

Este texto intenta describir las emociones de un amanecer desde el mirador del meandro del río Genil entre Badolatosa y Corcoya, en la provincia de Sevilla, lugar ubicado en la Ruta del Tempranillo.