¿Cómo nos han cambiado las nuevas formas de comunicación?


En mi adolescencia escribía cartas a un par de amigas en diferentes puntos de España. Recuerdo aquellos días en los que a la vuelta del instituto el cartero me había dejado carta en el buzón, almorzaba deprisa y después me refugiaba en mi habitación para abrir con cuidado el sobre y sumergirme en aquel texto manuscrito para saborear cada palabra. El color del bolígrafo o la forma de cada letra ya decía algo de la personalidad de quien escribía, también el tacto del papel, incluso su aroma... puede que hubiese pasado más de un mes desde la anterior misiva, pero tenerla de nuevo allí merecía la pena, había que responder, dedicarle un tiempo a escribir un par de folios, comprar un sobre, un sello y echar la carta al buzón, un protocolo que se repetía una y otra vez. 

También recuerdo cuando tenía que llamar a alguna chica. Un teléfono fijo que podía responder cualquier persona de su familia. Cuando tras los tonos era su voz la que sonaba al otro lado de teléfono uno suspiraba de alivio, pero cuando era su padre o su madre quien descolgaba el auricular llegaba un nudo al estómago para terminar preguntando por si estaba la persona en cuestión casi con un susurro cortado.

Primero los teléfonos móviles y después internet irrumpieron en nuestras vidas para cambiarlo todo. No recuerdo el momento exacto en el que dejé de escribir cartas a mano, pero sí recuerdo aquellas Navidades del primer teléfono móvil -bastante grande, por cierto- y de los primeros SMS que por 25 pesetas te ponían en contacto con cualquier persona del país, eso sí, había que ser bastante concreto, no podías extenderte lo mismo que en una carta, aunque también para eso estaban los correos electrónicos, descubrí aquella herramienta en la sala de informática de la facultad y desde entonces se pueden contar por miles los que he podido enviar.

Pero poco a poco empezaron a surgir nuevas herramientas, empezamos a interactuar en tiempo real con personas en cualquier parte del mundo con foros, los primitivos chats, el messenger y después las redes sociales, fundamentalmente Facebook o sistemas de mensajería instantánea como whatsapp.

Hoy en día no hay que esperar semanas, ni siquiera una hora para comunicarnos con alguien, solo basta con pensar en otra persona, escribirle y lo más normal es que nos responda en el instante. En este mundo multimedia de la inmediatez hay programas revolucionarios. Recientemente he descubierto Wechat que es gratis y permite realizar conversaciones grupales, envío de mensajes, notas de voz, imágenes y otros archivos tan solo descargando la aplicación en nuestro teléfono movil y usando WiFi o una conexión de datos, es decir, ni siquiera hay que gastarse ya aquellas 25 pesetas que suponían los primeros mensajes de texto.

La telefonía movil e internet han supuesto un gran salto en la comunicación, las reuniones cara a cara con otras personas en las que podías ver el rostro de alegría o enfado se han sustituido por conversaciones con emoticonos o videollamadas en directo, cuando llamas a una chica sabes que no te responderá un padre para el que eres una amenaza, será ella personalmente quien te atienda al instante... en definitiva, la forma en la que nos comunicamos ha cambiado, nosotros estamos cambiando, la vida está cambiando y no sabemos en qué dirección nos lleva el progreso, pero estos nuevos formatos han incrementado nuestra impaciencia, cada vez buscamos y necesitamos respuestas más rápidas, si éstas no llegan nos preocupamos y nos desesperamos, lo que ha vuelto el mundo mucho más estresante ¿Vamos en la buena dirección?

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