Y de repente un día has cumplido tu objetivo

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La semana pasada instalé una pizarra de grandes dimensiones en mi estudio. Siempre soy de los que anota lo que hay que hacer cada vez que comienza una jornada, pero necesitaba verlo en grande, llegaba al tramo final y tenía que intensificar los esfuerzos para llegar a este 1 de septiembre con los objetivos cumplidos. Solo se trata de anotar tips, trabajar en ellos y cuando se completan ir tachando. A priori parece simple, pero hay días complicados en los que te ves solo en la travesía, en los que cuesta concentrarse, en los que el trabajo se enquista, en los que necesitas la ayuda de otros, pero lo importante es que en un espacio de tiempo mayor esos tips vayan completándose, desapareciendo y apareciendo otros, es en un periodo de tiempo grande cuando debemos hacer balance y no en el día a día.

Cuando tienes varias líneas de trabajo, cuando eres un autónomo que quiere además tener vida aparte del empleo, cuando tienes aficiones que no quieres dejar de lado y un objetivo más allá por desarrollar, la organización se hace vital. 

El camino

Era principios de verano cuando me inscribí en una travesía a nado de 10 kilómetros. Lo hice tras haberme pasado prácticamente todo el año sin nadar, pero como motivación deportiva para retomarlo durante el verano. Los días pasaban de forma rápida y eran más aquellos en los que no cumplía el entrenamiento que en los que lo hacía, intentaba encajar entrenamientos como podía, nadé alguna travesía más corta que también me servía como entrenamiento y de repente me vi ante el día de la travesía con la dificultad añadida de que no podía tardar más de 3 horas porque tenía que regresar a Antequera a trabajar.


Nadando en las movidas aguas del embalse, el deporte me llevó a esa agonía a la que te conduce en una de las pruebas más difíciles que jamás he hecho. El viento hizo muy duras las condiciones, imposible conseguir un nado fluido. Cuando los nadadores de la travesía previa terminaron ya avisaban, la cosa está difícil, es un pantano, pero hay olas como en el mar. Y las condiciones desde esa hora no hicieron más que empeorar. Allí salimos los 50, mirándonos serios, concentrados, dispuestos a nadar. La primera vuelta en un grupo donde estuve arropado, llega el avituallamiento, se escapan dos nadadores del grupo a los que intento cazar y ante la imposibilidad, mi físico baja, voy en solitario y quedaba aún mucha travesía por delante, noto la falta de entrenamientos, el desgaste de las olas golpeando en contra hasta una boya de giro que no llega y una vuelta con pocas referencias donde solo con fortaleza mental pude aliviar el dolor que suponía cada brazada. En solitario, modo supervivencia, terminar, era mi victoria ese día, se puede disfrutar del sufrimiento, el concepto del verbo vencer es muy amplio y en ese penar también lo encontré. Pero terminé tocando el pantalán, tras 2 horas y 57 minutos dando brazadas. Cuando pregunté como había terminado el resto y si quedaban muchos nadadores por finalizar me dicen que tuvieron que recoger a unos 20 deportistas por las condiciones, yo había finalizado en el puesto 17º. Casi no pude disfrutar el momento posterior a la prueba, ni siquiera estirar mis doloridos brazos, en seguida me monté en el coche para llegar a tiempo al trabajo.


El día del análisis

Hoy 1 de septiembre, de forma más sosegada, analizo que finalicé el que era reto deportivo del verano. Pero si miro en mi pizarra y en mi calendario, me fijo en que ya hace un año que decidí dar un paso atrás en la natación. Quise bajar el volumen de entrenamientos, no renové mi ficha federativa, dejé las competiciones máster, buscar otras formas de disfrutar en el deporte alejado de la competitividad para dar un paso adelante en la literatura. En estos últimos días, mis tips han estado todos centrados en la finalización de mi primera novela y hoy está finalizada, al menos en cuanto a lo que yo puedo hacer. Ahora no sé qué camino seguirá ni hasta donde llegará, pero el simple hecho de dar forma a una historia de tantas páginas me hace verme, de repente, en el día en el que he cumplido un sueño ¡a por el siguiente!

Mi conclusión a toda esta historia no es otra que, aunque un día las cosas se hagan complicadas y difíciles, el balance se debe hacer pasado un tiempo mayor: un trimestre, una temporada, varios años... es ahí donde debemos valorar si hemos logrado lo que pretendíamos, si pese a la dificultad que nos supone cada brazada al final terminamos tocando el pantalán de meta.

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