Vencer a la niebla

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Carmen había recorrido cientos de kilómetros para llegar a aquel lugar, para subir a aquella cima y disfrutar de sus paisajes. Tuvo que tomar autobuses, un tren, hacer autostop en carreteras en las que ningún coche paraba, pero sobre todo, caminar. Ayudada por la fuerza que aporta la palabra reto, con su mochila cargada de sueños y un cuaderno de páginas en blanco llegó a pies de su montaña. Comenzó a subir descubriendo que todo lo que había recorrido hasta entonces no había supuesto apenas dificultad con lo que se estaba encontrando para ascender hasta la cima de los deseos. 

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Impulsada por las vistas de un manto verde infinito y apurando cada molécula de oxígeno puro que recibía en sus pulmones, tuvo que superar las rampas más inclinadas que nunca antes subió, rodear grandes rocas imposibles de franquear, saltar agujeros de los que no pudo ver el fondo y sortear cada obstáculo que le planteó el tortuoso camino hacia su objetivo. Cuando su corazón ya le decía que estaba cerca de llegar a lo más alto se encontró con una niebla tan densa que apenas podía distinguir sus propios pies. Carmen entonces no pudo evitar llorar. 

Mientras se lamentaba sentada sobre una piedra sin avanzar miró al suelo y vio una fila de hormigas subiendo en fila cargadas de alimento hacia algún lugar. Seguían el mismo camino que ella debía seguir y se perdían en la niebla. "Si pese a su tamaño ellas pueden, yo también lo haré". Agarró con fuerza su mapa, decidió el rumbo a seguir y continuó dando pasos muy cortitos, avanzó durante un buen rato y pese a las dudas no tardó en encontrar la señal que indicaba la cima. Carmen se sintió feliz por llegar, pero decepcionada porque seguía sin ver nada. 

Dispuesta a no desaprovechar el momento, cerró los ojos y comenzó a imaginar y repasar mentalmente lo que debería estar viendo hasta el punto de creer estar disfrutando de aquellos paisajes con los que tantas noches soñó. Minutos después abrió los ojos y para su sorpresa siguió viéndolos. La niebla había bajado y sin esperarlo, completamente agotada y con los pies doloridos se vio en la cima que tanto había deseado. Tras disfrutar todo lo que pudo y llenar su cuaderno de las emociones, antes de partir dejó una inscripción en aquella montaña: "Puede que el final del camino esté cubierto de niebla y no se divise, será más difícil llegar, pero no deja de estar."


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Fotos: Vistas en la subida hasta Lagos de Covadonga. Javi Lara.

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