Es en la adversidad donde uno deja de ser deportista para convertirse en héroe


Se compite como se entrena. Dicen que es una máxima y sí, puede que se cumpla en un altísimo porcentaje, pero no ocurre siempre. El día de la competición pueden suceder muchas cosas que hagan que cambie todo lo que hemos trabajado, para bien o para mal, algunas pueden ser completamente ajenas al deportista, pero otras pueden estar directamente en el interior del competidor. Y es que el día de la competición aparece un factor psicológico, emotivo o incluso sentimental, sobre todo en citas importantes, que dudo mucho que se pueda recrear de alguna forma en entrenamientos. Hay a quien le puede ir mal por el peso de la responsabilidad o hay a quien le puede ir mejor por suponerle una motivación extra, eso probablemente sí se puede trabajar, es necesario también un entrenamiento en cuanto a mentalización y motivación para sacar partido positivo de esas emociones que solo se viven en la competición.

El modo de afrontar una competición depende de la persona. Existen deportistas que al más mínimo problema, cuando ven que las cosas no les están saliendo, se apartan a un lado y terminan retirándose. Sin embargo, otros pueden sufrir todas las calamidades del mundo, tener problemas de todo tipo, y aún así insistir para cruzar la línea de meta ¿cuál de estos dos tipos de deportista es más admirable? Yo no tengo duda.

En mi libro de poesía solo aparece un poema dedicado al deporte. Se titula Sufrir, disfrutar y va dedicado a esos momentos de penuria que pasan muchos deportistas cuando están al límite del esfuerzo, cuando sus músculos parece que ya no resisten el esfuerzo, pero es entonces cuando aparece ese factor psicológico que les hace continuar hacia la meta, incluso convirtiendo el sufrimiento extremo en un disfrute, en una superación difícil de explicar para lograr un objetivo, esa explosión de felicidad y deber cumplido que supone cruzar la meta.

El sábado, en el Ironman de Lanzarote, los deportistas sufrieron una auténtica paliza propiciada por el fuerte viento. Los que alguna vez han montado en bicicleta saben que no hay nada más incómodo que el aire en contra. Es un fenómeno requiere de un esfuerzo mayor, gastar más energías, estar más tiempo en carrera, necesitar más hidratación y alimento, un mayor desgaste tanto físico como mecánico y al final todo se acumula junto con el exigente perfil ciclista que tiene Lanzarote. Tras ese azote de 180 kilómetros dado por el viento los deportistas dejaban la bicicleta para correr una maratón... al final, desfallecimientos, problemas estomacales, asfixias, pero aún así, los deportistas sacaron ese alimento interno para hacerse el sordo ante los gritos de auxilio de su propio cuerpo para cruzar la línea de meta. Dudo mucho que eso se pueda entrenar, lógicamente se puede llegar a situaciones extremas en un entrenamiento, pero recrear las circunstancias de una meca del triatlón mundial como Lanzarote es imposible. 

Por todo esto digo, que podremos entrenar mucho, planificar ritmos, pulsaciones, watios, alimentación, material... pero el deportista debe estar preparado para muchos imprevistos y mentalizado de que es en los reveses donde sale a relucir la clase, es en la adversidad donde uno deja de ser deportista para convertirse en héroe.

PD: No puedo finalizar este artículo sin felicitar a un nuevo hombre de hierro, Jesús Ramírez. ¡Enhorabuena!







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