Acumulando vidas

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Intentó fechar la vida, pero le fue complicado ante tal desorden de momentos. Confundidos con los sueños, la caricia de un árbol cargado de fruta madura, pero también podrida. Los miedos de madrugada, ese temor de creerse impasible en el tiempo de la batalla, verse ahora ensayando posturas ante el precipicio, con el riesgo de perder el equilibrio. La condena de no perder la memoria de vidas anteriores, aún sabiendo que logró llegar al destino cuando fallaron los cálculos del rumbo. Aprendió a moldearse cada día, a orquestar aullidos en la madrugada, consciente de que los trenes importantes de la vida no tienen horarios. Se llevó las manos al rostro con la intención de estirar lo que no tiene arrugas, pero entre sus dedos solo sintió papel mojado, ni siquiera apto para hacer pajaritas. Echó de menos un pasadizo para salir de allí, y eso que tenía una gran carretera frente a ella, incluso escapatorias escalera abajo a la vista de todos. Y fue cuando concluyó que hasta aquel día había hablado mucho, pero hecho poco, su vida estaba formada por paredes de papel y estaba escrita sobre páginas de ladrillo.


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