Abandonar la tierra por un trozo de pan



Han sido varios días de trabajo elaborando un documento que me ha transportado a otra época. El sábado, Día de Andalucía, estrenamos en el pueblo de Humilladero el documental "Los rostros de la emigración". Once familias, once hogares, once dramas, pero podrían haber sido muchos más. Como tantos pueblos andaluces, entre los años 50 y 70 principalmente, Humilladero vivió un auténtico éxodo rural en el que familias tuvieron que abandonar su tierra por un trozo de pan. 

Aquella emigración afectó a familias enteras, parejas de novios, recién casados, solteros e incluso personas más mayores por igual, tanto, que un pueblo pequeño como Humilladero llegó a pasar de 3.000 a 2.000 habitantes. Eran familias que marcharon a Cataluña, País Vasco, Madrid, pero también a Alemania y otros países. Pero es más, varios meses al año, el éxodo era mucho mayor en la emigración temporera a las campañas de vendimia y remolacha en Francia, lo que hacía que el pueblo estuviese prácticamente vacío entre septiembre y noviembre. Las madres quedaban cuidando solas de sus hijos y trabajando al mismo tiempo pidiendo fiado en la tienda hasta que el padre volvía, auténtico ejercicio de equilibrismo.

Pero aferrados a una esperanza, estos héroes ataban su maleta de cartón con una cuerda y subían a aquellos trenes ruidosos de asientos de madera sin espacio para hacer un viaje de tres días que paraba en cada estación. Llegarían después a destinos desconocidos, de idioma diferente, aguantando condiciones inhóspitas y patrones de todo tipo. Pero sirva como conclusión positiva, que aquellas historias de dificultad sirvieron para sacar a familias adelante, para reforzar unas raíces y para dar a todas estas personas y a sus descendientes un futuro mejor.

Durante la grabación del documental he podido conocer historias como la de Milagros, que casi sin haber salido nunca de Humilladero, dejó a su novio en el pueblo para subirse en un tren rumbo a Barcelona sin tener trabajo. Paco Alarcón, que sin papeles se plantó en Alemania, de donde tuvo que salir, deteniéndose a la vuelta en Cataluña, en Mollet del Vallés, que pasaría a ser su pueblo como le ocurriría a decenas de humilladerenses asentados allí. También he conocido la historia de "Tomás", que ante la pobreza que vivía en el campo, ingresó en la Guardia Civil y mientras trabajaba en la frontera no tuvo dudas a la hora de echar un cable a dos paisanos en apuros. O también hemos conocido cómo el ex diputado Antonio Romero se perdió cuando era pequeño y su madre se había quedado sola con tres hijos mientras el padre buscaba su lugar de destino en la campaña francesa.

Historias en blanco y negro, que no obstante hoy en día se hacen de color con el drama que en la actualidad atraviesan otras muchas familias. Porque como dice la alcaldesa en el vídeo, antes los emigrantes marchaban con una maleta y hoy en día lo hacen con un pen drive donde llevan su curriculum. En la sociedad actual afortunadamente hay muchos más sistemas de ayuda, los niños no corren descalzos y con ropas roídas por la calle, pero son muchas las familias que no llegan a final de mes y somos muchos los profesionales que tenemos que tirarnos al barro haciendo cada vez más por menos para que después el dinero se esfume hacia unas arcas gubernamentales en dirección de ida, pero nunca de vuelta.


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