Los riesgos de la estrategia


Llevas semanas pensando cómo afrontar una carrera. Tienes perfectamente previstos los ritmos, la estrategia y tras estudiar la lista de participantes, incluso los deportistas semejantes a tus características con los que debes ir con la intención de jugártela con ellos en los kilómetros finales. La estrategia en carrera es muy importante, de hecho un mal planteamiento de una carrera podría dar al traste con todo el trabajo previo, pero no debemos ser víctimas de la propia estrategia y dejarlo todo a su suerte. Las estrategias solo salen bien cuando físicamente estamos bien y cuando los astros están alineados de una forma única y determinada para que todo suceda como hemos soñado, pero amigo, esto en deporte no ocurre casi nunca o al menos no nos sucede a la mayoría de los mortales.

Imagina que llegas a una media maratón con opciones de ganar. Buscas meterte de inicio en el grupo de cabeza, pero a las primeras de cambio hay acelerones con los que no contabas, tu cuerpo no acepta esos ritmos y se te escapa un grupo de varias unidades al que no puedes seguir, incluso viene algún deportista por detrás que te va superando. O que te llevas tiempo preparándote para bajar de 1 hora 30 minutos y que te cuesta la vida seguir el globo que poco a poco se te va alejando en un mal día. La estrategia que habías previsto ya no sirve para nada y empieza a ser mucho mayor el daño psicológico que el desgaste físico ¿qué haces? ¿te retiras?

Llega un triatlón y en el segmento de natación recibes un manotazo en la cara que te levanta las gafas, tienes que parar a ponértelas, lo que te hace perder los pies del grupo en el que marchabas y no puedes recuperarlo. O posteriormente en el segmento ciclista sufres un pinchazo, o en la T1 la cremallera del neopreno no abre o recibes una sanción y te paran... Con ello ya no vas a hacer la marca que querías, la estrategia ha saltado por los aires ¿lo vas a dejar todo por ello?

Con todo esto no quiero decir que no visualicemos previamente la carrera. De hecho, es importante que lo hagamos, debemos tener previsto el desarrollo quizás más que en cuanto a compararnos con los posibles rivales, hacerlo en función de nuestros ritmos de entrenamiento. Pero a lo que voy es que debemos tener asimilado que si no nos sale de inicio la estrategia prevista hay que estar preparados para ese "fracaso" y pasar a un plan B o incluso, en función de cómo vaya todo, a un plan C, sin que se nos tengan que caer los anillos por ello. Y es que todos conocemos casos de retiradas sonadas de atletas que no se han visto en el grupo delantero, por una caída de la que se han podido levantar para seguir o por un pinchazo perfectamente recuperable.

Incluso hay veces en los que llevando a cabo la estrategia que tenemos prevista, no nos sale la marca o el puesto que esperamos. Sucede, por ejemplo, en estrategias conservadoras cuando el ritmo de inicio que habíamos calculado ha sido demasiado lento o cuando habiendo sido bueno, a la hora de apretar al final no hemos tenido fuerzas para hacerlo. Hay que tener en cuenta que entre entrenar y competir a veces hay mucha diferencia y que el día de la competición puede haber circunstancias múltiples que nos afectan (alimentación, no haber descansado, problemas físicos, mala puesta a punto...)

Si nos sucede algún imprevisto en carrera es importante plantearnos, más que un nuevo objetivo final de marca, autoconvencernos de que en la dificultad vamos a ser capaces de sacar esto adelante, ser conscientes de que tenemos actitud para cruzar la línea de meta pese a las zancadillas dando todo lo que tenemos. Una vez con eso claro, es aconsejable fijarnos miniobjetivos: Si no he sido capaz de ir al ritmo de ellos, voy a intentar ir a éste otro durante cinco kilómetros a ver cómo me voy encontrando. O también fijar nuestra mirada en el horizonte: aquel atleta no lo tengo muy lejos, a ver si poco a poco lo voy alcanzando. Y es que sobre todo cuando nos quedamos compitiendo en solitario, hay que mantener la mente entretenida con estos pequeños objetivos, algo que en grupo es más fácil de sobrellevar. 

Pero sea como sea y con nuestra estrategia por bandera, recuerda que toda táctica tiene riesgos y que estamos condicionados a las circunstancias del deporte, las mismas que lo hacen apasionante. Debemos pensar que hasta que no se cruza la línea de meta no hay nada del todo decidido, que el mal momento que podemos tener nosotros al principio o mediada la prueba, quien va en cabeza puede tenerlo el final. Y al igual que esto ocurre en el deporte, los fallos de estrategia o de planificación se pueden dar en cualquier ámbito de la vida sin que eso tenga que acarrear el fracaso y sí un cambio en la forma de hacer las cosas: "unas veces se gana y otras se aprende".

Lo importante siempre es saber adaptarnos a las circunstancias y superarse en la adversidad habiéndolo dado todo. Entonces sí tendrás un motivo para golpearte el pecho una vez cruzada la meta y una experiencia que contar a tus hijos de la que te sientas orgulloso.

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