Seres peculiares de un 31 de octubre

Para él Halloween solo fue un susurro en series de televisión estadounidenses al que aún hoy mira de reojo. Viene de aquellos tiempos en los que no tuvo cartas que jugar, en los que tenía que pedir el comodín cuando aún no había comenzado la partida. Recuerda esos años de juventud tan solo entre el antónimo de la nostalgia. Pero tampoco admira los tiempos actuales y mucho menos a la persona en la que ha derivado. Son días en los que su cabeza sigue vacía de pájaros, huyeron ante la amenaza de frío con la que llega noviembre. Y más, cuando se empeña en que la solución pasa por vigilar cada ola que entra en el puerto, detectar cada movimiento por mínimo que sea. Lo hace desde aquella torreta de vigilancia que el socorrista dejó desierta y triste el último día de verano. Los niños corretean a lo lejos disfrazados de Drácula. Él sigue anclado en un interior más vacío y grande que aquel mar frente a él, esperando una víctima a la que convertir, sin necesidad de disfraz.


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