El arriesgado don de vivir cada día como el último


Vivir cada día como el último no es de dementes, aunque tiene riesgos.
Pero prefiero arrancar las raíces que busquen fijarme a cada despertar
que tener un nombre de ciudad que poner en mi lápida.

La búsqueda permanente de la quietud que supone un nuevo horizonte,
el júbilo de un grupo de chicas al descubrir que le lanzo miradas furtivas,
son objetivos en cada atardecer, tan diferente en sus similitudes.

Intentaré conquistar,
pero no enamorar,
evitando barrer más lágrimas.

Iré de oportunidad en oportunidad
peinando la vida
en un constante comenzar.

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