Recuerdos con libros

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Hoy es el Día del Libro. No estoy leyendo más que en cualquier otro día, pero la insistencia en todos los medios y en las redes sociales hace que sea un día diferente puesto que cuando uno lee u oye la palabra libro y/o literatura siente una llamada de atención especial. De hecho, no he podido dejar de lado la llegada de algunos recuerdos y experiencias siempre relacionadas con el libro.

Este año me ha sorprendido gratamente que en mi ciudad se hayan organizado más actos referentes a este día que en ocasiones anteriores. El tema además ha marcado el programa de la radio local en la que trabajo y creo que esta tarde me pasaré por alguna de esas actividades para disfrutar de las mismas y ya de paso pulsar el ambiente que mi localidad respira en torno al libro.

Pero ya esta mañana a primera hora se me vinieron a la mente algunos de mis primeros recuerdos en torno a los libros. Mis padres nunca han sido de mucho leer, tuvieron una infancia con obligaciones familiares que apenas les permitió ir al colegio. Por lo tanto, mis primeros contactos con la lectura al margen del colegio, llegaron de la mano de uno de mis tíos. Los recuerdos que me llegan son muy difusos, tanto que a veces se pueden confundir con sueños, pero sí puedo afirmar en aquellos años de mi infancia que una vez a la semana, un vehículo llamado Bibliobús llegaba al barrio. 

No puedo recordar si por aquella época yo ya sabía leer o no, tan sólo era un renacuajo. Pero sí recuerdo aquel procedimiento de acompañar a mi tío a dejar el libro que había leído, elegir y retirar otro. Todo ocurría allí, en una plazita de Antequera, creo que sin fallar, todo un ceremonial. Y son mis primeros recuerdos en torno a los libros que tengo porque me llamó la atención cómo aquel vehículo repartía cultura por lugares donde difícilmente llegaba.

Hoy en día en mi ciudad no existe el Bibliobús y aunque existen inquietudes literarias y culturales con una corriente de escritores que está aumentando en los últimos años, echo de menos iniciativas que inyecten la cultura y en concreto la pasión por la lectura en el seno del pueblo, en barrios y aldeas, en la gente llana al fin y al cabo.

En este Día del Libro tenemos que lamentar que vivamos en uno de los países con peores índices de lectura de Europa. Por eso, creo que alimentar iniciativas para insertar la cultura en el pueblo, en el seno de la sociedad, se hacen indispensables y no creo que en este tipo de actividades haya que mirar el bolsillo, sobre todo porque la cultura es mucho más económica que otras inversiones en las que vemos que día tras día nuestras instituciones gastan dinero.

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