Ni en la antípoda de mi corazón
hallé razón para no amarte.
La piedra de mi zapato se hizo pétalo,
la estría se llenó de bondad.

Los sueños no se sueñan,
se cumplen. Se pueden besar.
No necesito luciérnagas para alumbrar
los centímetros entre tú y yo.
Dejé de sentirme extranjero
acomodado entre tus brazos.

Las tinieblas son imaginación,
mi amor, una realidad.

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