Gris resurrección


El verdín acumulado en el agua no deja ver el fondo de la piscina, siempre en verano tan azul, accesible desde la más absoluta y artificial cristalinidad. El invierno ha sido duro, pero la salvaje vegetación sobrevivió un año más y en esta primavera que hoy se tomó una pausa, ha crecido hasta alturas que un frío mes de enero nunca habría imaginado. Los nubarrones grises que cubren la Vega se extienden indefinidamente en 360 grados buscando sorprender a aquellos que aún de vacaciones quisieron dar un último paseo. Y nadie puede hacer nada, las fábricas de paraguas tampoco trabajan los domingos. La chimenea hoy se ha vuelto a encender en casa durante este oasis entre días de sol.

Y lo que son las cosas: los cofrades estuvieron alegres los días de la Pasión y lloraron la Resurrección.

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