Los humildes placeres


Después de muchos meses consiguió liberarse de esa nube gris que siempre le acompañaba en cada paseo. La puerta abierta para la mayoría, se solía cerrar para él. Cuando le dejaba entrar, su bolsillo roto le impedía poder salir con algo entre manos. Después de mucho tiempo, vestido con una sonrisa y con unas monedas en su cartera, esta vez brilló el sol. Pudo entrar en la librería que tanto añoraba para volver a sumergirse en aquellas antiguas sensaciones. Narrativa por aquí, poesía por allá, temas locales, internacionales, infantil y juvenil, novelas y antologías. Decidió pararse unos seguntos en mitad de un pasillo. Levantar la cabeza, cerrar los ojos y respirar profundamente. Inhaló los aromas de aquellos volúmenes amontonados para dejarse extasiar por el dulce placer olfativo de miles de historias. Le costaría elegir, se sumergería en autores reconocidos y desconocidos e intentaría ser valiente en sus decisiones. Leyó sinopsis, merodeó prólogos y miró algunos versos, siendo meticuloso en lo que terminaría adquiriendo porque alguno de aquellos libros pasaría a formar parte de su patrimonio para siempre. Eligió. Visitó a la sonriente chica de la caja y esta vez no hubo problema con tarjetas de débito sin fondos. Llegaría a casa, el lugar para su compra lo tenía elegido desde hacía días. Separó unos libros, limpió ligeramente el polvo y depósito aquellos dos libros con delicadeza. Sería su hogar, aunque días más tarde los raptarían para cumplir su misión de ser leídos. 

Las crisis se alivian y pasan, las ilusiones siempre vuelven y él volvería a gozar de sus humildes placeres.

1 comentario:

  1. los "humildes" placeres como tu dices forman baldosa a baldosa el camino de nuestra felicidad ;)

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