Cuando el otoño primaverea


Estas gotas cálidas no son de lluvia,
son lágrimas que no morirán en un charco,
son voces que no producen eco,
que se clavan como puñales,
que se hunden como guijarros.

No hay guitarra para este ritornelo.
No lo tocarán ni todas las teclas de un piano.
No hay melodía que exprese este sentir
ni palabras, ni poemas,
ni forma de alejarlo de mí.

En este otoño primaverado,
las hojas de los árboles murieron verdes
rodaron pasiones por pendiente desfavorable
florecieron margaritas de pétalos rojos
por los que no resbala rocío alguno.

Levedad a la que das elevada importancia
generadora de desazón e impotencia
que no admite comprensión ni consuelo.
Sí ansias por calmar tu ahogado dolor
aún sin entender la razón de tu llanto.

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