Cuando el mes de agosto no deja dormir, pero el libro que lees sí invita a ello


El ventilador gira en este final de día de calor sofocante. El penoso libro que Héctor lee cada noche antes de dormir agita varias páginas en agresivos vaivenes sobre la cama. Aún sigue ahí y el separador de páginas todavía no llega ni a la mitad. Sólo su cabezonería de no querer dejar un libro a medias le mantiene leyéndolo. Su contenido anodino le hace sentir pereza cada vez que piensa en abrir sus páginas, pero haciendo gala de fuerza de voluntad termina leyendo varios capítulos antes de que el sueño pueda con él. Sin duda, al autor le ayuda que estas temperaturas impidan a Héctor dormir con normalidad porque de ser cualquier otra estación del año, la lectura jamás se hubiese producido y los 6,95 Euros de la edición de bolsillo habrían sido aún más inútiles. Pero ahí queda, con su bonita portada negra de letras llamativas. lo coge y pasa suave entre mis manos, se disfruta al tacto y tiene un sello de una editorial a la que él probablemente ni siquiera llegue a dirigirse nunca. Se asoma al balcón, una pareja aún charla en el banco frente al edificio en el que vive ¿Sería capaz de tirar el susodicho libro al vacío? O mejor ¿y si intentaba encestarlo desde allí en una de las papeleras que divisaba en la acera? ¿Qué ocurriría si arrancara las páginas una a una y las hiciera volar por las calles del barrio? ¿Sorprendería a alguien al día siguiente leyendo algunas líneas? Sin duda habría sido un error, una agonía para más personas. Héctor siempre fue un tipo solidario. Optó por no extender la palabra de aquel señor y no condenar a nadie más con aquellos párrafos vacíos de su mes de agosto.

@josejavilara

1 comentario:

  1. Los mejores libros que leí son en los que yo, y no su autor/a, decidí cuándo llegaba su final. Por otro lado, hay clásicos irrenunciables que no encuentran otro momento mejor de lectura que el verano. Buen relato. Un saludo

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