Navegando por tus lágrimas


De una de tus lágrimas yo hice mi mar. 
Y lo surqué en un barco sin velas 
remando a golpe de sentimiento, 
disparando por popa con cañones de barro. 
Y no he de decir que el tuyo es mi puerto, 
aquel en el que no existen tabernas ni ron añejo. 
Donde tu hogar es el mío, 
el de los anhelos, 
el lugar donde se cumplen los deseos 
y hace desaparecer el dolor de la travesía.
A tu lado ya no hubo más lágrimas,
sólo sé que se secó mi mar, 
que ahora es tierra firme.

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