Esperanza


El maquinista circula hoy a pie por las vías de tu cabello. Te peina cada deseo con mimo. Sigilosamente intenta adivinar tus pensamientos creyendo con fe que él estará en ellos. Pero puntualmente otra vez pasó el tren y no se detuvo en su estación.

Este maquinista ya no sabe lo que es llevar gorra ni arrancar una locomotora. Pasaron las modas de los ferroviarios y tú ya no lo miras. Pero mantiene esperanzas, porque aunque pasaron muchos, aún no lo hizo el último tren.

No tenerte a mi lado es morir lentamente, aunque sabiendo que si regresas mañana, volveré a nacer.

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