Desorden


Mi mesa de trabajo y mi habitación habían acumulado montañas de papeles, objetos inútiles y polvo. Sabía que tenía que hacerlo algún día, había que limpiar y reorganizar, pero nunca aparecía el hueco oportuno, siempre había algo más importante que hacer. El desorden seguía creciendo, en mi escritorio, en mi trabajo y en mi vida. Nunca un minuto libre, a veces sin posibilidad para respirar aire limpio, necesitaba un cambio en mi entorno y en mi día a día. Y alguien me hizo ver aquello cuando menos lo esperaba... mi madre me ordenó limpiar y ordenar la habitación. Y lo hizo en plan dictador, sin posibilidad de dar un no por respuesta. Desde entonces todo cambió.

P. D: Saquen moralejas.

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