La des-espera


La infusión apenas escupía ya un par de bocanadas de aliento humeante. Se enfriaba sobre el escritorio, junto al teclado, tres horas después de haber encendido el ordenador. No había dejado de transitar de un blog a otro por aquella pantalla plana, de comenzar a leer entradas de las que no agotaba su últimas líneas, habían pasado un millón de clicks de ratón inconscientes. No era cuestión de que los textos le gustaran o no, permanecía atento a la ventanita del chat esperando que una persona se conectara. El sueño se dejaba caer sobre sus párpados, pero no le doblegaba. Hasta que aquel puntito verde se encendió. Ella apareció por el cibermundo y tras unos segundos que utilizó para ponerse firme sobre la silla giratoria y pasarse la mano por el flequillo de adelanta hacia atrás, le saludó con un exclamativo "¡Hola!" Ella le respondió con un afirmativo "Hola", él prosiguió con un interrogativo "¿Qué tal?"....
Pasaron dos minutos, cuatro, seis, ocho... sin más respuesta, hasta que el punto verde desapareció sin opción de retorno a aquella ventana maximizada por mucho que actualizara la página. Él, mientras tanto, había perdido el blanco de alguna uña, las órbitas de sus ojos estaban mucho más abiertas y rojas, pero no hubo nada más que hacer por esa noche. La infusión ya no se enfriaba, ya no quedaba, mañana volvería a preparar otra mucho más caliente e inmune al desencanto internauta.

No hay comentarios:

Con la tecnología de Blogger.