El campeón se hizo mayor



Vuelven a oírse pasos al otro lado de la puerta de la habitación. La cafetera comienza a silbar, pero esta mañana tampoco se mueve atraído por el aroma del café mañanero. Permanece en la cama, inmóvil, sin ni siquiera ganas de estirar el brazo para coger el reloj de la mesilla y mirar la hora. Le preocupa que pueda ser tarde, pero el cansancio le impide cualquier movimiento. Cree que ha dormido bien, al menos ha despertado menos que en otras noches, pero se siente como si hubiese pasado la noche portando sacos de cemento en los costados o con varios de esos sacos encima de su cuerpo ahora sustituyendo a las sábanas ¡Quítenle el elefante de encima! Justo en este momento ha descubierto articulaciones y músculos de las que nunca había sido consciente, pero esta mañana duelen ¿practica boxeo? ¿lo noquearon sobre el cuadrilatero anoche? Empieza a recordar... Sí, otra vez el maldito entrenamiento. Aquella nadadora con la que compartió calle en la piscina ayer es quince años más joven que él y no puede seguir su ritmo. Le costó la vida misma terminar el entrenamiento, tras las primeras series empezaron a aparecer molestias y, aunque intenta entrenar como siempre, los tiempos no salen tan fácilmente. Quedaron atrás aquellos años en los que se levantaba dispuesto a comerse el mundo, ir a la universidad y después pasar horas y horas en la piscina. Pero ya no va a clase alguna ni puede pasar tantas horas en la piscina. Le sigue picando el gusanillo de la competición, pero superada la barrera treintañera, es el momento de plantearse la retirada. ¿Retirada? Antes muerto. Su espíritu y sus genes le siguen pidiendo guerra. Competir le hace joven, le hace sentirse vivo, más aún frente a chavales jóvenes a los que aún tiene opciones de ganarle. Sonríe ahora por las posibilidad de retirada. Ahora sí alarga el brazo y coge el reloj. Son aún las nueve, no es tan tarde y seguro que tras el desayuno todo lo que le duele ya no es tanto... No le va a retirar del deporte de competición ni Dios, todavía puede dar mucho más de sí y cuando esté codo a codo con esos jovencitos en el cajón de salida se verá quién es más joven de carácter. Nadie le moverá. Ni esos estúpidos dolores. La chica del ritmo infernal tragará mucha espuma esta tarde a sus pies.

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