Another shore


Suenan acordeones parisinos en el zagüan de mi corazón. Esta noche el viento me ha traído besos fugitivos. No sé de quién huyen, pero se refugiaron tras mi atardecer. Viajaron desde la otra orilla, aquella a la que los hombres todavía no han llegado, de donde sólo sabemos que hay cantos de sirena y caricias. Quizás de allí vienen estos besos. Flotaron sobre el viento húmedo, haciéndose paso entre las partículas de odio, pero pesan menos las de paz, que se hacen paso. No preguntaré quién eres. Sólo te abrazaré arriesgándome a que secuestres mi mente y la domines. Mientras estás en mis brazos miro al cielo donde creo advertir que Rígel y Betelgeuse nos sonríen. Quizás te hayan enviado ellas. Sea cual sea tu origen no quiero dejar de aspirar tu olor a miel y azahar. No preguntaré, sólo sentiré. El acordeón se ha transformado en piano, los besos han dejado de ser robados.

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