Aquellos tiempos de burbuja inmobiliaria


Se alquila, se vende, se traspasa, con opción a compra, intereses bajos, con o sin intermediarios, a través de agencia, de particular a particular... Carlos Robles estaba cansado de tanta terminología. Le agotaba aquel traje de chaqueta y corbata. Le asfixiaba que su móvil sonara constantemente. Compró y vendió, firmó aquí y allá, apretó manos, abrazó a hombres y mujeres, enumeró miles de veces las palabras metros cuadrados, garaje y piscina, ático y trastero. Abrió cerraduras de puertas que no eran la suya, acompañó a tasadores, llamó para anular anuncios en el periódico de ofertas únicas, circuló por atascos en su automóvil de alta gama entre cita y cita. Y movió entre cuentas bancarias cifras de más de cinco ceros hasta que un día se acabó el crédito y ya sólo quedaron ceros. Y su cuello se cansó de aguantar el nudo de la cobarta y ésta murió por el inodoro. Ahora rezaba para que al quitar el nudo de aquella bolsa de basura tuviera algo que comer sin que estuviese podrido. Este contenedor lo tiene cada noche sin que haya pagado nada a nadie, si logra alquilarlo habrá vuelto a cerrar un buen trato.

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