Mi máquina del tiempo



He conseguido duplicar la velocidad del reloj. He hallado una modesta máquina del tiempo. No puedo elegir la fecha en la que aterrizo, ni siquiera precisar el año o el siglo, tan sólo adelantar un poco más, aunque a veces me sorprendo por lo tarde que puede llegar a ser. Siempre me lo dices cuando estás a mi lado y miras la hora: “¿Por qué cuando estoy contigo pasa el tiempo tan rápido?”. Yo podría contestarte que a tu lado el tiempo pasa volando, que estamos tan a gusto juntos que pasan las horas sin darnos cuenta. A ambos nos gustaría parar ese segundero que avanza precipitadamente en mi reloj digital, pero sólo conseguimos lo contrario. Tu cama es una máquina del tiempo donde las sábanas son las alas que ajustan la diferencia de presión para hacernos ir más rápido. Caricias y besos hacen de combustible para este vehículo que espero que pronto deje de funcionar para quedarnos en el instante en que nos miramos a los ojos, penetro en tus oscuros ojos y siento que tu camino y el mío estaban predestinados a cruzarse. La próxima vez que vaya a verte anularé todas mis citas posteriores porque no sé a qué hora volveré a la realidad, aunque preferiría no hacerlo nunca y seguir surcando suspiros a tu lado.

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