El jugador de lotería


Todos los sábados juega a la misma lotería. Deposita un euro de su bolsillo y todas sus ilusiones en una administración de la que sale con un boleto informatizado e impreso con seis números más el reintegro. Y no es que se despreocupe de todo y tenga el azar como esperanza. No. Trabaja durante toda la semana con intensidad, es sacrificado, pero en ese euro deposita la posibilidad de subir a una vida mejor en la que cumplir sueños, los mismos que poco a poco la vida le ha ido adjudicando en pequeñas dosis y en grandes cantidades arrebatando. Ni siquiera cumple el trámite de elegir los números, de marcar las casillas con la “x” de incógnita. Lo deja todo en manos del lotero y de aquella máquina que hasta el momento no le ha demostrado simpatía, porque siempre elige los números que no salen del bombo. Él piensa que es un proceso orquestado contra él, quizás sea cuestión de cambiar de lotero y de máquina el sábado siguiente, pero siempre termina dándole una oportunidad más para ganarse su amistad. Cuando vuelve a casa, clava el boleto en un panel de corcho. Allí estará el cuadrado pedacito de papel unas horas, junto a fotos antiguas, facturas y notas varias, compañeras de habitación hasta la hora del sorteo. Por la noche siempre se repite la historia a la hora de las postres. Busca rápidamente, con cierta avaricia el mando a distancia. Se sabe de memoria la página del teletexto, es la misma cifra de tres números que marca cada semana para conocer una combinación que él nunca entiende por qué le llaman ganadora. Cuando el resultado del sorteo se exhibe en aquella gran pantalla plana, desclava la chincheta que sujeta el boleto, mira los números de su futuro, pero nunca coinciden con los de sus sueños. Quizás aquel trozo de papel se haya vengado por el agujero que luce en su zona superior o de la compañía que durante todo el día ha tenido de una factura de electricidad insolente. La próxima vez lo colocará sobre el escritorio.

1 comentario:

  1. Javi, este me gusta todavía más que el anterior, el del portero. Tal vez porque la "expresión" está más trabajada, es más "literaria": hay algunas personificaciones, algunos contrastes... de gran efecto. Es de los que más me agradan, a pesar de que el contenido es más simple, más cotidiano... Te felicito, Javi. Salud(os).

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