El fotógrafo


El objetivo se desliza por la mano izquierda ajustando el encuadre y la distancia focal exacta, los dedos se encargarán de que todo quede enfocado a la perfección, mientras la mano derecha sujeta el cuerpo de la cámara con el dedo índice sobre el botón de disparo. Se ha visto tantas veces en aquella postura que la tiene automatizada, aunque esta tarde está algo nervioso. La persona que hay frente a él no es una modelo, ni un político, ni una niña que hace la comunión… Aquella chica en el columpio no le teme a la cámara, mira al objetivo y sonríe con naturalidad, bromea con él después de que hubiesen llegado a aquel parque cogidos de la mano. Quería hacerle una sesión, tener imágenes que conservar, que poner de fondo en el escritorio de su ordenador, pero no es tan fácil como imaginó. Él ha realizado miles de fotos, se ha ganado la vida con eso, pero en ninguna sesión ha vivido aquel cosquilleo que le impide saber el momento exacto en el que presionar el disparador. Es el paso en el que la fotografía deja de ser un trabajo, puede que un arte, para pasar al plano personal, al de las sensaciones y los sentimientos. Es el paso que le hace decidirse por guardar la cámara en el bolso, pasar de fotografías y solo darle un beso. No hay flashes en ese instante, que quedará grabado en sus cámaras oscuras, cincelado por el primer plano de dos respiraciones que se mezclan sin filtros.

2 comentarios:

  1. Que bonito!! Y qué romantico andas... :)

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  2. Sencillamente extraordinario. Con un final estupendo. Sinceramente, te felicito, Javi. Salud(os).

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