Llueve... y soy feliz



Hoy ha comenzado a llover. El cielo tiene otro color, la atmósfera se ha vuelto fría, han cambiado los aromas, la calle tiene sonidos diferentes, tintinea el asfalto ante la llegada de cada gota de lluvia…
Una entrada de facebook pedía que dejase de llover, que la lluvia genera tristeza, pero para mí no es así. Es verdad que el mal tiempo provoca un estado de ánimo bajo y que llega a ser apatía en algún momento, pero creo que también invita a la añoranza y a la esperanza y eso no tiene por qué ser malo. No, porque mi añoranza es deseo de volver a dar algún día ese paseo bajo la lluvia con los dedos entrelazados de alguna chica. Deseo de mirar la lluvia tras el cristal mientras escribo un poema.  Deseo de sentir que en mi refugio estoy a salvo, cálido y acompañado. Pero también es deseo de correr bajo la lluvia, de sentir cómo el agua me resbala por el cabello y chapoteo por los charcos salpicando a mi alrededor y sintiéndome libre como esas mismas gotas de lluvia que caen sin cesar.
Me gusta la lluvia y me gusta el primer claro de cielo tras la tormenta. La calma con ese azul que destaca entre nubles grises que empiezan a blanquearse; ese verde más verde que nunca y esa claridad de la atmósfera limpia. Es el momento en el que me gusta respirar profundo e inhalar más oxígeno del que puedo. Y es cuando cojo mi cámara de fotos y capto los restos de la tormenta, las gotitas tan bien dibujadas sobre las hojas de los árboles, el horizonte cargado de nubes de cuento, tu caminar por el parque con una sombrilla en la mano que balanceas… en color y en blanco y negro.
Recordando todos estos momentos y pensando en que volverán e incluso serán mejores, no puedo ponerme triste mientras oigo llover, sólo luchar para que la próxima vez pueda vivirla junto a esa persona que veo mientras sueño con la caricia del agua tras el cristal de mi ventana.

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