La chica de la tienda de la esquina


Cada día la veo cuando voy camino del trabajo. Cruzo la calle casi sin mirar al tráfico porque siempre observo aquel local que está haciendo esquina. La chica de pelo rizado y gafas atiende a los clientes, lo hace con una media sonrisa prestando siempre mucha atención a lo que le dicen. He pasado por allí en verano, en invierno, bajo una mañana soleada, en una tarde lluviosa, anocheciendo... La mayor parte de las veces está en el mostrador, siempre atenta a su trabajo, en otras ocasiones la hecho de menos al ver a otras dependientas, pero ella es la más habitual. Reconozco que, pese a que nunca se fijaba en mí, algún día he dado un rodeo para pasar por aquel lugar y verla, tan sólo para echar una mirada al interior de aquellas cristaleras y saber que ella está allí. Ayer volví a pasar, veloz como siempre para doblar aquella esquina. Mientras lo hacía levantó la vista y se cruzaron nuestras miradas. Yo seguí mi camino. Esta mañana ha vuelto a ocurrir. De nuevo me observó, yo bajé la cabeza, pero noté como siguió con su mirada mi paso. Ya sabe que existo, pero creo que se ha perdido la magia.

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