El locutor


 
Cada noche el mismo locutor toma la palabra a la misma hora en la misma emisora de la frecuencia modulada de Madrid. Introducción musical, comienza la narración y empieza a dar paso a las llamadas bajo las indicaciones del técnico que realiza el control. Mercedes llama una vez a la semana, no tiene un día fijo, pero quiere contar sus historias de lunes a viernes en alguna ocasión. No necesita presentación, tanto el técnico como el locutor la conocen por su voz, saben que hablará de su familia, de los logros o percances de sus hijos. El locutor mantiene la atención a la narración de Mercedes para después hacer su valoración, dar su consejo o su consuelo. Mercedes colgará el teléfono, en la radio darán paso a otra llamada y ella se irá a dormir intentando aplicar lo que le ha dicho esa voz masculina y consoladora de la radio. Lo imagina como un hombre maduro, con conocimientos sobre psicología, cabeza de familia, responsable y ejemplar.

Una hora después sale el locutor por la puerta de los estudios. Su metro sesenta con rostro picado oculto bajo una capucha se va perdiendo por una calle oscura en la que entrará en un local donde tomará las últimas copas del día. Llegará casi amaneciendo a su piso de alquiler, dormirá dejando la ropa en el suelo hasta ocho horas después. Sólo el despertador lo sacará del sueño y sólo la necesidad de tener un trabajo y algo de dinero le hará volver a ir a la radio.

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