Colección de perfectos cabrones II: Las sospechas de Julia



Julia sospechaba de su marido. En su segundo año de casados la relación se había enfriado hasta asemejarse a un matrimonio cansado. No salían a pasear, ni a cenar, las conversaciones no tenían chispa y ya apenas hacían el amor. Habían vivido un noviazgo intenso, una luna de miel alojados casi continuamente en la habitación de un hotel de centro Europa, unos primeros meses de vida común muy ardientes, pero Carlos se había enfriado y Julia empezaba a tener entre ceja y ceja sospechas de una presunta infidelidad.

¿Candidatas? Eran varias, y le pasó la lista a Héctor, su primo Héctor, el detective privado que se encargaría de tratar de conocer las razones del bajo rendimiento de Carlos en la cama, de sus esporádicas llegadas a casa varias horas después de salir del trabajo o de los silencios en el teléfono de su oficina en horario laboral.

La lista comenzaba con Rosa. Compañera de oficina de Carlos. Trabajaban en una oficina bancaria, no compartían despacho, pero sí estaban en dependencias cercanas, puerta con puerta. Morena de ojos verdes, 1.70 de estatura, pechos no muy grandes, pero delgada y atractiva. A veces desayunaban juntos y no fue a la boda pese a estar invitada. Julia le había echado en cara varias veces a Carlos que Rosa tonteaba mucho con él. No tenía además novio reconocido.

Mariló había sido la compañera de facultad de Carlos. Incluso habían llegado a ser unos novios veinteañeros que dejaron de follar, pero no de verse habitualmente. Coincidían una vez cada cuantos meses, en quedadas entre antiguos compañeros, al menos que ella supiera. Físicamente mantenía su atractivo, siempre con una sonrisa pícara, de esas que volvía loco a los hombres.

La tercera candidata la tenía muy cerca. La vecina del primero siempre se paraba a hablar con Carlos desde que un día se quedó encerrada en el ascensor y él la ayudó a salir. Junto a la puerta, escuchaba a veces como Lydia y Carlos comentaban su día a día, anécdotas y reían con bastante naturalidad. Incluso un día los descubrió hablando de ventana a ventana. Julia incluso llegó a preguntarle si le gustaba la vecina, pero él siempre lo negó. Y no sabía ciertamente qué podría atraerle, era la típica mosquita muerta a la que sólo había visto sonreír cuando él le hablaba.

El círculo de candidatas, al menos conocidas por Julia, se cerraba con Lourdes. Era otra ex novia que terminó casándose con un amigo común. Precisamente el responsable de que Julia y Carlos empezaran a salir. Pero entre Lourdes y Carlos había bastante afinidad, incluso recientemente habían quedado para comprarle un regalo de cumpleaños al marido de ella. No le caía bien, tenía aura de víbora devora hombres con sus habituales tacones y faldas cortas.

Julia preparó un completo dossier con los datos, incluidos dirección postal, teléfono y fotografías extraídas de sus perfiles de facebook. El informe que le pasó a Héctor incluía además todas las actividades de su marido: horario de trabajo, de gimnasio, posibles reuniones fuera de la oficina, supermercado en el que hacían las compras...

Tras dos semanas de seguimiento, Héctor volvió a verse con Julia para presentarle las indagaciones y primeras conclusiones. Sentados en una cafetería, el detective sacó el dossier con cada una de las candidatas, los cuales contenían muchas anotaciones a lápiz. Una vez estaban todos los papeles sobre la mesa, empezó a hablar:

- Rosa acaba de echarse un novio e incluso por su última compra en una farmacia podría estar embarazada. En los últimos días he podido ver cómo incluso la recoge a la salida en el trabajo y ha llegado a cruzarse con Carlos sin que se haya producido más contacto.- Julia atendía expectante, respiró de alivio con las primeras noticias.

- Sobre Mariló, la exnovia compañera de la facultad ha cambiado de ciudad, en la que era su dirección viven otras personas, a quienes le ha alquilado la vivienda. Creo que está en Elche y no tenemos constancia de que Carlos haya viajado en estas últimas semanas.- Julia sonreía porque pensaba que Mariló era una de las candidatas más sospechosas.

- Sobre la vecina he podido observar cómo cada vez que Carlos entra o sale en el portal tarda, cuando más, seis minutos en subir a casa, es decir, que no le da tiempo nada más que a una breve conversación, es verdad que hay sonrisas, pero no se detiene en su casa, sin que en mi seguimiento la haya visto en ninguna otra situación del entorno de Carlos. - lo de la vecina se lo imaginaba pues no era una chica atractiva y Carlos a la apariciencia física le daba mucha importancia, pero aún quedaba otra candidata.

- De Lourdes podría ser una persona que encaja en el perfil, pero al menos en estas dos últimas semanas ha estado ocupada con otros dos amigos, ninguno de ellos Carlos, y me da que no son los únicos amigos que tiene en su agenda porque además de sus encuentros, la he visto hasta altas horas de la madrugada hablando por teléfono, conversaciones que nunca han sido con tu marido porque a esa hora ya estaba dormido y tú eres testigo de ello, así que actualmente no mantienen ningún tipo de contacto. - finalizó el detective.

Julia sonrió levemente, se quedó pensativa y miró a Héctor: 
- Vale, descartamos a estas cuatro chicas ¿pero hay alguna otra? ¿has notado algún movimiento extraño?
- Carlos no es una persona que tenga muchas más relaciones con mujeres, en el trabajo todos los demás son hombres, a la salida va al gimnasio sin que después haga ningún movimiento extraño, aunque en tres ocasiones ha tomado una cerveza con un compañero de ejercicio y una tarde quedó para jugar un partido de fútbol sala. En cuanto a las ausencias de la oficina, puede que coincidan con la hora de las reuniones con el jefe o para suplir en la ventanilla a los compañeros que salen a desayunar.
- De todas formas quiero que sigas investigando algo más, buen trabajo- dijo Julia, que sacó del bolso un sobre cuyo contenido era el dinero acordado en su primera reunión. 
Héctor lo cogió y sin abrirlo se lo metió en el bolsillo interior de la chaqueta.
- Seguiré trabajando en lo que me dices, tengo que irme porque estoy bastante atareado, te llamo en cuanto haya novedades.
Le dio dos besos y se marchó.

Julia se quedó relajada. Miró por la cristalera, hacía una mañana magnífica, despejada, como de momento quedaba su cabeza. Saboreó el café mientras agarraba fuerte la taza con las dos manos y pensó en prepararle una cena romántica a su marido esa noche.

Un ruido comenzó a sonar cerca. Venía de la silla donde se había sentado Héctor. Se acercó a mirar y vio que era un móvil vibrando, debía ser el del detective. Lo cogió y leyó en la pantalla que tenía un mensaje nuevo, no pudo evitar leerlo:
"Carlos: Spero q aya ido todo con mi mujer sg lo previsto y q no sospeche nada, tng muchas ganas d verte hoy y repetir lo que hicimos ayer. Me kedo sólo en la oficina a las 5, t voy a dar caña maricón".

Tras leer aquello, el cielo se nubló al otro lado del cristal. También la mente de Julia.

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