Colección de perfectos cabrones I: El escritor engañaniñas




El disco duro no responde. La unidad no existe pese a que llevo reiniciando dos horas. El informático al que he consultado por teléfono me dice que pinta mal, aunque vendrá a revisarlo. De momento no existe nada dentro de esa torre gris y, como consecuencia, todo lo que he escrito durante estos meses tampoco. Había cientos de poemas que copié desde una libreta de frases con boli Bic... pero sobre todo ese libro de relatos, una colección de pequeñas historias forjadas con chicas diferentes, en diferentes lugares de España con simulación de un amor que ellas buscaban, pero que yo siempre fingí. Diez aventuras en dos años, todas siguiendo la misma estructura: conocerla en un chat de internet, hablar durante días con ella, mostrarte el ser perfecto y romántico que busca, declararte, quedar, besarla, pasar un fin de semana único, acostarte con ella, regresar y darle a no admitir en el msn.

Aunque parezca que cada historia puede ser idéntica, no es así. Cada chica es un mundo, he tenido que fingir ser diez hombres diferentes para conseguir a cada una de ellas. Desde el perfecto galán al chico malo capaz de activar las hormonas femeninas. He tenido que escribir poemas en muros de facebook, enviar postales románticas por correo electrónico, e incluso he tenido que hacer uso del envío de rosas y bombones a domicilio. En un mismo mes he estado dos veces en la otra punta del país y he pasado noches en estaciones solitarias esperando la combinación para volver a casa. También he gastado mucho dinero en tarjetas de telefonía móvil de prepago que tras la cita y la escena de cama terminaban machacadas en alguna papelera para que el número de teléfono no estuviera activo nunca más.

También es verdad que he pasado mis buenos momentos, muchos besos apasionados, orgasmos verdaderos, abrazos sintiendo el calor de bellas mujeres, pero el sacrificio que me ha llevado toda la fase de documentación para escribir mi obra lo supera todo. Sí, documentación. Lo que otros hacen entre estanterías de bibliotecas yo lo he hecho conociendo chicas, seduciéndolas y tomando apuntes tras cada cita.

Seguramente estaréis diciendo que debo ser un hombre muy atractivo. Os equivocáis, soy alguien del montón. Es verdad que hay quien pide un buen físico, pero para muchas chicas es cierto aquello de que lo importante es el interior y esa ha sido mi máxima. Siempre he ido a por chicas cuya primera pregunta no era cómo eras, he buscado las que pedían sinceridad y conversación y creo que me he desenvuelto bien.

¿Qué será ahora de ellas? ¿Se reconocerán en mi libro? Yo sólo espero que el informático pueda arreglar el ordenador y rescatar mi obra para convertirla en un best seller que me haga recuperar la inversión en florecitas, viajecitos y corazones rotos.

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